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Cualquier animal salvaje de hoy en día vive básicamente igual que cualquier antepasado suyo de hace 100.000 años. Pero el día a día de una persona del siglo XXI y el de un antepasado suyo del paleolítico medio son absolutamente diferentes. Su genética -como ocurre con la de todos los animales- es prácticamente la misma, pero las capacidades de uno y otro no tienen nada que ver.

Los últimos miles de años los seres humanos casi no hemos evolucionado biológicamente pero si cognitivamente -entendiendo por cognitivo la facultad o capacidad de un ser vivo para procesar información a partir de la percepción- y este cambio ha sido determinante en la configuración de nuestro modo de vida. Esta obviedad es maravillosa porque nos demuestra que no es sólo nuestra biología y el entorno físico lo que determina el como vivimos; hay algo más.

Los “homo sapiens-sapiens” hemos creado “algo” que trasciende el límite de la piel y afecta lo que somos, como razonamos y como vivimos, pero que tiene poca o nula plasmación física en nuestro ser. Este “algo” trascendental es de hecho algo muy sencillo: los seres humanos nos hemos convertido en seres capaces de acordar y transmitir normas, es decir, sabemos crear instituciones y transmitirlas.

Instituciones

Una institución no es más que un acuerdo cultural entre humanos que permite y condiciona la vida en sociedad. Si dos humanos se relacionan en una cultura, es porque hay como mínimo una institución -puede ser un idioma, unas normas, usos, tradiciones, jerarquías, leyes, códigos, etc.- que ha sido aprehendida y transmitida y esta institución condicionara su interacción.

En consecuencia, aunque para ser humano no se requiere nada más que el mero hecho de existir, ser Persona requiere formarse institucionalmente, adquirir una comprensión de la cultura del momento y desde esa cultura, ser capaz de proyectar en el futuro las relaciones interpersonales. En otras palabras: las personas nos educamos con instituciones, vivimos socialmente gracias a las instituciones y nos proyectamos utilizando las instituciones. Las instituciones son parte fundamental e intrínseca del Ser Persona. Sin instituciones somos seres Humanos, pero no Personas.

Instituciones-Personas

Siendo la sociedad el resultado de unas instituciones y de unas personas y siendo obvio que, aunque genéticamente los humanos somos idénticos desde hace 200.000 años, la sociedad ha cambiado con el paso del tiempo; hemos de concluir que las sociedades han evolucionado porque las instituciones han evolucionado con el paso del tiempo.

Que las instituciones puedan evolucionar a un ritmo diferente de nuestra biología tiene consecuencias para nuestra sociedad. Las  instituciones nos definen como personas, por lo tanto la evolución de las instituciones condiciona necesariamente el tipo de personas que podemos ser. Es decir, las personas somos en gran medida el entorno institucional que tengamos. Al mismo tiempo, si las instituciones son creaciones intelectuales humanas y las personas cognitivamente cambian, el cambio en las personas condiciona necesariamente la creación de las nuevas instituciones.

Al ser esta una relación desde dos sistemas abiertos y diferentes que se retro-alimentan, esta evolución no puede ser determinista. El discurso de una sociedad no nos permite prever como serán las siguientes sociedades. Por ejemplo: para una tribu de cazadores-recolectores Umbros del segundo milenio AC que llegase hasta las colinas de lo que sería Roma, imaginar una sociedad como la Roma Republicana de Julio Cesar les sería prácticamente imposible. Del mismo modo, difícilmente alguien en la inmensa Roma Imperial de Trajano podría prever lo que sería el Vaticano medieval y desde la Roma del Renacimiento era inconcebible prever la problemática social y las revueltas de los obreros comunistas de las fábricas de Roma y obviamente para un poeta fascista futurista de la Roma de Mussolini -si todavía está vivo- el mundo digital que está apareciendo seguro que se le empieza a hacer incomprensible.

Las personas vivimos en un marco institucional, que nos condiciona y nos permite planificar el futuro pero, que no nos muestra cual es el siguiente paso a tomar. El marco institucional dominante son una serie de herramientas conceptuales que nos damos las personas para gestionar unos problemas y necesidades sociales de un momento y lugar determinado. Por lo tanto, las instituciones de un momento dado solo son útiles hasta que surgen otros problemas o necesidades. En ese momento el marco institucional entra en crisis, se vuelve inútil para resolver los nuevos problemas. Al mismo tiempo, puesto que todo marco institucional está diseñado para sobrevivir, difícilmente se autodisolverá. Casi siempre reaccionará acaparando más recursos y bloqueando las nuevas instituciones emergentes. Con esta reacción siempre aumenta la profundidad de la crisis.

De nada sirve intentar reformar un marco institucional, porque lo que se necesitan son nuevas herramientas para gestionar los nuevos problemas. En cada crisis las personas han de luchar contra un marco institucional inútil -que se resiste a perder su poder- y sin disponer todavía de las nuevas instituciones que les den soporte. Las personas del pasado son quienes crean un futuro en el que ya no encajarán.

En nuestra historia hemos dado ya varios grandes saltos. Cada uno de los cuales se ha correspondido con una profunda crisis social y la aparición de un nuevo tipo de instituciones que han estabilizado el sistema en un nivel diferente. Cada nuevo nivel institucional ha desplegado, a posteriori y tras la crisis, un nuevo juego de instituciones y un nuevo modelo de Persona. El último gran salto evolutivo de nuestra sociedad se produjo a finales del siglo XVIII con la aparición de las Meta-Instituciones; las instituciones de instituciones.

Meta-Instituciones

Las Meta-instituciones (Estados, corporaciones, administraciones, partidos, organismos mundiales, convenios, ministerios, etc) nos permitieron gestionar una sociedad grande y compleja como la que emergió con la industrialización, la ciencia moderna, la sociedad del bienestar, los mercados globales y la visión uniformadora e instrumental del mundo. Desde su cuna en diversas sociedades del mundo occidental de finales del XVIII las Meta-instituciones barrieron rápidamente con las sociedades con marcos institucionales de nivel inferior de todo el planeta. Este éxito posicionó a las meta-instituciones no solo como herramientas de gestión, sino como la propia estructura de la sociedad. Los Estados modernos, los mercados, las empresas, los partidos políticos, la gestión global, los sistemas tributarios, etc se han convertido desde entonces en La Sociedad. Imaginar una sociedad donde el estado, las empresas, los impuestos, la gestión global, los acuerdos internacionales, las leyes, los partidos y sindicatos, etc sea algo minoritario o inexistente es imaginarse una sociedad primitiva sin ninguna posibilidad de intervenir en el mundo contemporáneo. Las meta-instituciones han sido un éxito, pero también tienen sus inconvenientes y peligros.

Por encima de las instituciones naturales o de nivel cero, todas las instituciones provocan un déficit en su entorno natural pues justamente lo que hacen es augmentar las capacidades naturales de los seres humanos en ese entorno. Gracias a las instituciones las personas consumen y destruyen más de lo que la propia naturaleza puede generar y reciclar durante el ciclo vital de esas mismas personas. A medida que se eleva el nivel institucional el impacto de las personas sobre el entorno aumenta pues aumenta la capacidad de esas personas para aprovechar los recursos del entorno. Cuando el nivel institucional es bajo, el impacto es bajo porque el déficit es pequeño y la sociedad tarda bastante en agotar el entorno. Cuando el entorno es ilimitado el impacto es también bajo porque cuando se agotan los recursos de un entorno la sociedad puede trasladarse a otro entorno.

Las meta-instituciones crearon una nueva sociedad con un nivel superior a las otras, que gestionaba y producía a un nivel superior y requería por lo tanto una incorporación de recursos superior a las otras sociedades. Su enorme productividad complicaba que la sociedades pudieran trasladarse fácilmente pero puesto que los recursos se agotaban rápidamente las sociedades tuvieron que ampliar su propio entorno Necesidad y potencia facilitaron la expansión y crecimiento acelerado por todo el mundo de las meta-instituciones occidentales y esta expansión solventó durante dos siglos el déficit inherente al marco institucional de las sociedades occidentales. El problema es que en un mundo finito, este tipo de crecimiento tiene un límite y cuando se llega al límite se empieza a canibalizar a la propia sociedad. Empieza la crisis y se inicia la autodestrucción.

En otras palabras: si todos comen de una tarta y llega un invitado (meta-institución) que quiere una porción, el pastel tendrá que ser más grande para que las otras porciones tengan como mínimo la misma cantidad que tenían antes de que llegase el invitado. Si cada año la porción que las Meta-Instituciones (el invitado) necesitan es más grande, cada año el pastel tiene que ser más grande, para que todo siga igual. Cuando ya no se puede hacer la tarta más grande porque no hay más recursos, alguien tiene que reducir su porción. Las meta-instituciones no pueden reducirse, son el propio sistema; los ricos que viven del sistema se auto-consideran la élite necesaria y los pobres que viven fuera del sistema no tienen nada que pueda ser reducido. Por lo tanto, la única porción del sistema que se puede recortar a placer es el corazón del sistema del bienestar Europeo; la clase media. A este hecho tenemos que sumarle la reducción del volumen de trabajo necesario para producir que producen el actual marco institucional y que también afecta a la clase media y media-baja.

Esta reducción de la clase media está creando una sociedad similar a la de los inicios de la revolución industrial, con una sociedad polarizada en dos grupos, ricos y pobres.

Sociedad en Crisis

Como indicábamos al inicio, gracias a su mente los seres humanos crearon unas entidades virtuales -las instituciones- que facilitaban la gestión de la sociedad y que además podían transmitirse. Con las instituciones las personas pudimos comunicarnos mejor, optimizar los recursos y gestionar unas sociedades cada vez más grandes y complejas.

Pero al socializar, o incluso al tomar decisiones personales, el cerebro de las personas no solo trabaja con datos e información racional, también trabaja con las emociones. La parte racional y la parte emocional del cerebro trabajan juntas para facilitar la obtención del conocimiento pues un buen conocimiento de las otras personas es básico en sociedad. ¿Y para qué necesitamos las personas un buen conocimiento? Para determinar que grado de confianza que asignamos a las otras personas. Al fin y al cabo, desde la economía al amor, todo acuerdo entre personas requiere de una dosis mayor o menor de confianza. La confianza es el cemento natural de la sociedad humana.

Ahora bien, si desde el paleolítico la capacidad racional de nuestro cerebro ha evolucionado muchísimo y en nada nos parecemos a nuestros antepasados, no podemos decir lo mismo del componente emocional de nuestro cerebro; emocionalmente somos bastante primitivos. A un hombre de Cro-Magnon le costaría entender que es un grupo de WhatsApp o una pelicula on-line pero no tendría demasiadas dificultades para entender el amor, la amistad o el odio de hoy en día. Las instituciones son un gran invento y nos han ayudado muchísimo pero no tiene sentimientos ni emociones, no pueden substituir a las personas, son solo construcciones racionales, herramientas y por lo tanto el uso de las instituciones como medio de comunicación y socialización produce un sesgo importante en nuestro conocimiento pues solo aportan conocimiento racional, es una inteligencia instrumental.

A medida que generamos instituciones más sofisticadas para que intermedien en las relaciones de las personas, aumentamos el desajuste y la distancia emocional entre las personas. Obtenemos más conocimiento instrumental sobre las personas pero nos alejamos de sus sentimientos. Cuando aumenta la distancia entre las personas aumenta también la desconfianza y sin confianza es difícil gestionar una sociedad.

Podemos crear instituciones que substituyan los vínculos naturales de confianza y por este motivo los Estados crean leyes y facilitan que cualquier acto ciudadano tenga que estar intermediado por abogados, respaldado por empresas de seguros y garantizado por jueces y policías con el objetivo de que si el ciudadano deja de confiar en sus conciudadanos, pueda depositar su confianza en las Instituciones del Estado y sus símbolos, pero esto, aunque efectivo, es caro y deshumaniza a la sociedad.

Las instituciones son una excelente herramienta de gestión y pueden incluso substituir parcialmente los vínculos de confianza que las personas necesitamos para vivir en sociedad pero tienen algunos inconvenientes:

– Deshumanizan las relaciones naturales entre las personas y la sociedad

– No pueden tutelar completamente la vida en sociedad pues no son seres humanos

– Sin un estricto control priman su interés por encima de todo

– Aumentan en exceso el impacto de la sociedad en el entorno natural

– No pueden reformarse y cuando entran en crisis no ceden su poder sino que absorben más y más recursos

Hoy en día el uso y abuso de las Meta-Instituciones ha convertido estos inconvenientes en graves problemas para nuestra sociedad. Las Meta-Instituciones controlan prácticamente todos los aspectos de nuestra sociedad, consumen los recursos de todo el planeta, destruyen la confianza de los ciudadanos y bloquean los avances hacia un nuevo marco institucional que responda mejor a los problemas y necesidades de la sociedad del siglo XXI

El Futuro

La salida a esta crisis parece residir en una nueva generación de instituciones que equilibre el sesgo en el conocimiento que las instituciones han generado. Es necesario un nuevo nivel de instituciones, un cuarto nivel, que permita a las personas aumentar enormemente sus capacidades emocionales para situarlas a la par de sus capacidades racionales y así facilitar que las personas escapen a la tutela de las meta-instituciones y vuelvan a establecer una sociedad basada en las relaciones de confianza y la responsabilidad individual. Substituir Meta-instituciones por individualidad y confianza favorecerá también una reducción del impacto de las personas en el entorno.

Aunque desde el paradigma de la sociedad de las Meta-Instituciones es imposible prever como será la siguiente sociedad, al estar ya nuestra sociedad en una situación liminar de la crisis es posible intuir como serán y que objetivo tendrán estas instituciones de cuarto nivel

La nueva generación de instituciones parecen ser extensiones digitales de las personas y su objetivo es amplificar las capacidades de las personas para que estas puedan relacionarse transversalmente en función de sus necesidades sociales sin la necesidad de recurrir a las meta-instituciones. El vaciar de poder a las instituciones y devolver esta capacidad a las personas convirtiéndolas en sujetos autónomos provocará un cambio estructural en el sistema económico y laboral. Por ejemplo, hace 100 años para enviar una película de Hollywood a otro país se requería la participación de muchas instituciones y recursos, hoy en día las personas simplemente se la descargan en cuestión de minutos desde Internet.

Propuestas

– Situar a la persona como el núcleo de todo

– Construir la sociedad desde lo local y particular

– Acelerar la aparición de las instituciones de cuarto nivel

– Hacer responsables a las personas de su vida en sociedad

– Facilitar que las personas sean tan autónomas como sea posible

– Suprimir o reducir el marco institucional que las meta-instituciones han creado

– Facilitar las capacidades de fiscalización y control de las personas sobre las instituciones

– Crear un nuevo tipo de mediadores para los conflictos entre personas e instituciones que trabajen desde la empatía.

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