
Privado, control, público, Cultura Exterior
Si en mi casa me encuentro un papel en el suelo, y no me gusta tener esa pequeña basurilla allí, tengo la opción de recogerlo y tirarlo a la papelera o, de pagar a alguien para que lo recoja y lo tire a la papelera. También puedo esperar a que el papel se vaya solito a la papelera o, quejarme al gobierno porque hay un papel en el suelo de mi piso o, esperar que alguien venga a verme y se lleve el papelito, o pensar que, puesto que el papel no me ha caído a mi, si yo no me fijo mucho, la basurilla ‘motu proprio’, desaparecerá, o incluso puedo dejar de pasar por esa parte de mi casa para no ver el papel si este me molesta tanto.
Yo soy libre de hacer lo que quiera, pero las dos opciones más prácticas, y con esto quiero decir, la manera de actuar que resolverá antes el problema de que desaparezca la basura, son, o lo recojo yo, o pago a alguien para que lo haga.
En general, en la privacidad de nuestras casas, todos optaremos por una de estas dos opciones. Las otras opciones las consideramos tan ridículas que si conocemos a alguien que las escoge como factibles, dudaremos con razón de su estabilidad mental.
Curiosamente, cuando pasamos del ámbito privado al espacio público, las dos opciones más prácticas y realistas, son las que descartamos más rápidamente. En cambio, pensamos que las otras, las que en casa nunca aplicaríamos, son más prácticas. Así, si hay un papel en la calle, la inmensa mayoría de la gente no lo recogerá, ni mucho menos se planteará pagar de su bolsillo a alguien para que lo recoja, que es lo que haríamos en casa.
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Tags: calle, cultura exterior, privado, publico, urbanismo