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La Persona ESP

Las Personas somos como pompas de jabón.


A primera vista todas las burbujas son muy parecidas. Algunas son más grandes, otras más pequeñas, unas de un color, otras de otro, pero básicamente; vistas desde la distancia, todas se parecen mucho.

Si nos acercamos, si centramos nuestra atención en una sola pompa de jabón; si miramos de cerca, y movemos la luz; veremos que cada burbuja crea un arco iris con formas de colores cambiantes; únicas. Si somos cuidadosos, incluso podemos hinchar y deshinchar una burbuja, cambiando el aire que contiene. Con suavidad, también podemos mover una pompa, hacerla volar o unirla a otras.
Pero si explota; ya es imposible volver a rehacerla. Como mucho, uniendo las salpicaduras del jabón, podríamos intentar hacer otra burbuja. Pero la esencia que contendía la primera pompa, lo que la hacia única, se ha perdido, se ha difuminado en el aire.

Al igual que las pompas de jabón, a primer vista, todos los individuos somos iguales. Es cuando nos acercamos, cuándo miramos a través de los otros, cuándo movemos la luz que ilumina la escena, es entonces cuando vemos las iridiscencias únicas de cada individuo. Es entonces cuándo se percibe que no somos sólo la definición del espacio ocupado. Lo que nos hace únicos, quien nos da la identidad, es nuestra textura, la pátina en nuestra forma, el resultado del exterior reaccionando al interior y viceversa.

Siguiendo con el símil anterior de las burbujas, nuestra identidad es la fina película jabonosa que hace de membrana, entre el aire interior que nos llena y, el aire exterior que nos rodea.

  • El aire interior; el momento pasado y el poso de la cultura hasta ese momento. Todo lo aprendido y todo lo olvidado
  • El aire exterior; el momento futuro y la suposición de la cultura desde ese momento. Todo aquello que me permite crear mi marco de previsiones desde el presente al futuro.

Las Culturas: Interior-Exterior

Sin esta cultura interior y exterior -del presente al pasado y del presente al futuro- no nos podemos entender como personas completas, pues no puede existir una persona humana, independiente de la cultura que ha vivido, la que vive y en la que imagina vivir.

Cómo tampoco puede existir una persona, sin la red de relaciones de significado que construya su identidad. Lo que una persona es en el momento presente, está muy determinado por la salud y solidez de las relaciones en las que, voluntaria o involuntariamente, participa desde su cultura interior, hacia su cultura exterior. Cómo dice Clyde Kluckhohn: los seres humanos no finalizan en su propia piel; son expresión de la cultura y de las relaciones en las que participan.

Todos tenemos una cultura interior fruto de la sociedad en la que hemos nacido y, todos estamos en una sociedad conformada por un montón de universos culturales, participados en mayor o menor medida, que compiten pero también colaboran, se parasitan o se ignoran mutuamente y, con los que hemos de interactuar. Nuestra cultura interior, pasada por el tamiz de nuestra identidad y extendida a nuestros vínculos, determinará necesariamente, que vemos y, como lo vemos, para actuar en o sobre los demás universos y subsistemas de la sociedad.

La comprensión, o intento de comprensión, de este juego de interacciones y opciones, es sobre lo que construimos nuestro marco de posibilidades de futuro; el plan de ruta que nos tiene que guiar en el día a día.

Identidad

La identidad de la persona es por lo tanto, el guardián de la permanencia de la cultura interior y, el portero que responde a las demandas del clima cultural local exterior. La persona es el global de la interacción que la identidad hace en todo momento, entre cultura interior y cultura exterior. Por lo tanto, no se puede entender a la persona como algo cerrado y limitado, una especie de contenedor que solo puede ser llenado y sólo se comunica consigo mismo, ni podemos verla como un ser encapsulado en una macroestructura llamada sociedad que es mucho más importante que él, sino que la persona tenemos que entenderla como un sistema abierto y dinámico de límites difusos e imprecisos; único, que interaccionando y participando de otras personas genera estructuras como la sociedad y la familia e instituciones como el gobierno o las empresas.

Esta concepción de la persona como ser único, que desde su interior se extiende más allá de su piel y se define en un universo compartido de relaciones y cultura, no encaja bien dentro de ninguna de las tradiciones del pensamiento político moderno, dominadas en general por dos tradiciones ontológicas opuestas:

  • – La visión individualista, que centra toda su atención en las relaciones entre gobierno y sujeto gobernado y, que tiende a buscar y crear instituciones que permitan que sea cada persona quien, con su acción y voluntad libre de asociación, determine el comportamiento de la sociedad.
  • – La visión más holística o social, que piensa que una sociedad es más que la suma de sus personas, y que no existe sin la aportación combinada de cada persona. Por lo tanto, valores como solidaridad, patria o grupo son más importantes que no el valor de cada persona, pues esta puede ser sacrificada por el bien común.

Pero, que no encaje bien no significa que piense que estas sean dos concepciones erróneas. En cierta manera las dos visiones tienen parte de razón en sus planteamientos.

La visión más holística tiende a tratar con grandes grupos y con verdades objetivas, y por lo tanto, gestionar un estado con estos principios (dentro de la complejidad obvia de esta gestión) es relativamente sencillo. No tratas con millones de individuos, sino con un limitado número de grupos, que los individuos crean fruto del consenso sobre unas verdades objetivas.

La visión individualista tiende a ver a cada individuo como un ser autosuficiente con sus propias verdades y por lo tanto, el principal objetivo socio-político es no ponerle barreras y, dejar que instituciones o conceptos como el ‘mercado’, auto-regulen la economía y la sociedad. Según esta visión, gestionar un Estado es también relativamente asequible porque del Estado se espera que, intervenga el mínimo posible y que sean entes como el mercado, movidos teóricamente por la libre voluntad de miles de personas, quienes ajusten o se ajusten a las necesidades de la sociedad.

Ambas tienen su parte de verdad y su utilidad, pero son visiones parciales e incompletas de lo que son las personas y por lo tanto, de la gestión política de las Personas en Sociedad. Como Mario Bunge  indica, la fuente de todo lo social es, “el individuo-en-sociedad antes que, o bien el individuo sólo o bien la sociedad como totalidad”. Es frente a esta nueva visión de la Persona, este individuo-en-sociedad de Mario Bunge donde estas aproximaciones se quedan cortas.

La Persona en Sociedad

La Persona o individuo-universo es la suma de Identidad+Cultura Interior+Cultura Exterior y el individuo biológico es la interfaz con la que se expresa La Persona. Por lo tanto, el ser de las personas, lo que nos perfila lo que es una persona, depende de tres aspectos o enitdades que se retro alimentan constantemente. Al pensar cualquier acción política, no podemos tratarlos como si fueran entidades autónomas no relacionadas:

  • – El aspecto biológico.
  • – El aspecto contextual.
  • – El aspecto identitario.

Las políticas de cualquier tipo, tienen que tener presente estos aspectos. No sirven las soluciones fáciles o maniqueas. No somos un animal (bueno-cordero/malo-lobo), ni somos un cerebro en una cubeta, ni nuestra mente se acaba con nuestro cuerpo, ni somos una mini empresa, ni somos unos autistas-egoístas, ni nuestro único objetivo es la lucha por la supervivencia, ni somos unos seres para la muerte, ni somos puro hedonismo, ni… etc.

Somos todo esto y mucho más. Somos más complejos de lo que la palabra puede llegar a definir y más simples de lo que podamos llegar a imaginar. Una sola palabra puede entrar en la sociedad y desatar la más compleja de las tormentas sociales  afectando a millones de individuos. Y una sola palabra puede penetrar nuestra biológia y provocar  más dolor en el corazón de una Persona, que cientos de guerras. Podemos soñar una tarjeta visa inagotable para comprarlo todo y podemos invertir millones en tratar de salvar las vidas de personas que desconocemos. Podemos diseñar una bomba y desear un beso de nuestro hijo al irse a dormir. Podemos luchar para coneguir un trato justo y desear ver telebasura tomando comida idem. Nuestra mente, nuestra biologia y nuestra cúltura son complejas e interaccionan continuamente. No sirven por lo tanto concepciones que se basen solo en la racionalidad o solo en las emociones o solo en nuestra naturaleza.

Nada que objetar por lo tanto, a las actuales tendencias liberales hacia el individuo (determinación, experiencia, búsqueda, realización, perfeccionamiento personales) siempre y cuándo el individuo no se desentienda de su responsabilidad social ante el mundo, la cultura y la naturaleza, pues son también parte de la persona. Pero mejorar la condición humana requiere de políticas que, sobre la comprensión de nuestra naturaleza biológica y cultural, fusionen un enfoque sistémico con una metodología individualista. El enfoque sistémico nos tiene que permitir entender el individuo dentro de su universo, en los otros universos culturales que participa y las redes de significado en las que se define; el individualismo metodológico nos tiene que servir para la gestión de los individuos-universo, su biológia y las instituciones que generan, de una manera racional.

Para configurar un mundo mejor se necesita basar la política en la idea de un sujeto Persona con identidad única, empatía para conocer y solidaridad que le vincula con otras personas. La acción política no tiene que perder la visión de que el hombre no puede convertirse en simple medio. Tiene que ser siempre objetivo último, y criterio decisivo.

Pero cuando, para superar dicotomias radicales, apostamos por un enfoque sistémico, nos encontramos con el problema que, al tratar con sistemas abiertos y amplios como son las personas, el rango de variables relevantes no se puede conocer y por lo tanto es difícil extraer una lógica de funcionamiento adoptando una aproximación sistémica pues, la arbitrariedad de los limites establecidos y las variables no consideradas, es difícilmente pautable. La situación empeora si tenemos presente que tratamos con sistemas dinámicos y por lo tanto, una experiencia estudiada es difícilmente, aislable del factor tiempo y en consecuencia, no se puede repetir. Es decir, si la administración tras una buena aproximación sistémica aplica una buena política que da los resultados esperados, no hay manera de asegurar que el mismo planteamiento pueda volver a funcionar, ni que se pueda repetir en otro país. Por último, por culpa de nuestra poca capacidad de cálculo, la persona en estos enfoques, pierde parte de su importancia en favor del grupo.

¿Cómo puede por lo tanto el Estado tener presente estas líneas directrices y tratar a todas las personas de una manera directa y personalizada?. ¿Cómo puede respetar y comprender su especificidad al mismo tiempo que su vinculación con otras redes?. ¿Cómo puede con su actuación global preocuparse por cada ciudadano individualmente?

La respuesta es sencilla: No puede.

Si adopta un enfoque colectivista u holístico puede pretender que el bienestar de la mayoría evitará el ruido y el malestar de la/s minoría/s. Aproximación errónea pienso yo, pues en un entorno como el actual, donde la minoría puede ser muy numerosa y, donde cualquier minoría puede hacer bastante daño si actúa agresivamente, es peligroso ignorar a las minorías.

Por otro lado, la ideología política puede adoptar un enfoque individualista y plantear sólo marcos sólidos donde la sociedad crezca a su aire y así no discriminar activamente a ninguna minoría. Esta aproximación tampoco me parece correcta porque, a parte de olvidar los sentimientos humanos, y de que la discriminación pasiva es una discriminación activa por omisión, se basa en el supuesto de que todo el mundo dispone de la misma información y todos parten de la misma línea de salida, en la carrera por el éxito en la sociedad y esto nunca es así. El individualismo acentúa las diferencias sociales y sólo se regula mínimamente gracias a las grandes crisis purgatorias.

La única solución que la política nos ofrece actualmente es que, los propio individuos deleguen su poder e individualidad en unas instituciones o partidos, los cuales asumirán la voluntad del pueblo y ejercerán el Gobierno del país, pretendiendo no olvidar que representan a personas. En función de si la ideología es más bien individualista o más bien colectivista el estado será más intervencionista y uniformador o tendera a crear una seria de sólidas estructuras que sirvan de marco de referencia y dejará que los individuos, dentro de este marco, evolucionen o más bien, se maten entre ellos.

Desde estos dos extremos conceptuales, las políticas de los Estados pueden modular o atenuar las consecuencias de cada posicionamiento puro para evitar sus principales problemas, pero esto no evita que mucha gente salga perjudicada y que la única razón de que se adopte una aproximación u otra sea en general el haber llegado al grado máximo de inutilidad en alguno de los enfoques, ya sea convirtiendo al estado en un elefante enfermo, que solo se preocupa de si mismo o, vaciando al estado de cualquier poder y desactivando todas las herramientas compensatorias hasta que la violencia, el egoísmo y las bolsas de pobreza hagan saltar la estructura de la sociedad.

Creo que lo primero que tenemos que aceptar es la evidencia que, por más recursos de que disponga el Estado, no puede gestionar uno por uno a millones de personas, cada uno con sus propias ideas y motivaciones y si opta por agruparlos en conjuntos más manejables, necesariamente ha de uniformizar y discriminar. Por lo tanto, comparto la visión liberal de que se tiene que aligerar toda la estructura del Estado, que está relacionada, o que su razón de ser se sostiene, en el trato directo con los ciudadanos. La administración en general, es ineficaz y no puede cumplir su objetivo, por lo tanto, no la sobredimensionemos porque lo que haremos, será sobredimensionar el problema. De todos modos las personas no son simples piezas de un juego que solo necesita unas reglas claras, las personas están todas inmersas en amplias redes de vínculos y significados y en consecuencia es imprescindible una aproximación sistémica a los problemas.

Un trabajo sistémico desde La Persona es, pienso yo, la clave de cualquier acción política que pretenda ser eficiente. Aunque en otros artículos se ampliará esta información, mi propuesta brevemente se basa en tres premisas:

Ámbito Local (Cultura Interior)

La única manera de que la acción política pueda establecer una relación de tú a tú con las Personas (entendidas como individuos-universo) es justamente a través de las propias Personas. Cuantos más niveles existan entre la persona gobernada y el sujeto gobernante, más información emocional y racional se pierde, menos conocimiento se adquiere y por lo tanto más ineficaz e injusta puede ser la actuación de la administración. La gestión de la administración tiene que ser lo más cercana posible el ciudadano, sino es así, no hay manera de encajar las necesidades de las personas, con las posibilidades de la administración ni de que el ciudadano sea consciente de la acción de la administración.

Solo en el ámbito local encontramos otras personas que compartan o conozcan parte de nuestra cultura interior. Gente que nos conozca desde pequeños, o que nos vean cada día cuado vamos a trabajar. Gente que conozca a nuestros familiares y sepan si somos tímidos o extrovertidos. Gente que quizás no nos conozcan de nada, pero que nos ven y saben que no nos conocen de nada y esto, ya es mucha información. Es en el ámbito local donde la mayoría de las personas viven, compran, salen de fiesta, llevan a sus niños al colegio, participan en clubs o asociaciones, hacen fiestas o colectas y se tropiezan entre ellos, se hablan, se enfadan, se saludan y se conocen.
Es en fin en este ámbito, donde todavía podemos perder nuestra identidad y ser conocidos por la saga familiar, la casa donde nacimos, nuestros hermanos, un evento destacable o algún detalle de nuestra infancia.

La aproximación sistémica a la persona solo es posible en el ámbito local, pues es el nivel en el que disponemos de más información sobre la persona y al mismo tiempo podemos pautar mejor las variables y limites que establecemos para el estudio de cada caso. Nunca podremos ‘racionalizar’ el estudio sistémico de un caso, pues siempre será interpretativo, pero si que podemos adquirir y compartir conocimiento en la definición del sistema y las variables que nos ayudan a gestionar e interactuar desde la administración con las personas.

Es desde el plano de la política local, desde donde se tienen que gestionar gran parte de las políticas de Estado (esto no implica que la política supra-local desaparezca) y es en este plano, donde la administración del Estado puede actuar como consultor para resolver los problemas o, guiar a los ciudadanos en la consecución de sus prolongaciones virtuales. Pues cada individuo se tiene que ir creando una nueva capa de conocimiento virtual que lo conecte y muestre en su entorno virtual y real. Desde el nivel local, mancomunando servicios y gracias a las tecnologías de la comunicación, se puede empezar a interactuar con los individuos con conocimiento.

El ámbito local es el que más llega a nuestra cultura interior, pero por la misma razón puede ser asfixiante, intrusivo, enfermizo, rencoroso, vengativo, lleno de tabús, opresivo, cerrado, inmóvil, etc. y requiere por lo tanto, de válvulas de escape a las otras dos esferas, la Pública y la Virtual, para mantener la salud de las personas.
En el ámbito local, se conoce quien se supone que somos, lo que no tiene necesariamente que coincidir con quienes creemos que somos; es decir, nuestra identidad.

Esfera Pública (Identidad)

No todos los ciudadanos tienen que tener interés por la política, ni voluntad de participar, pero todos los ciudadanos por el hecho de serlo, se ven afectados por la política y de alguna manera todos, los que tienen interés por la política y los que no, tienen que tener unos canales de comunicación con el Gobierno del Estado y sus acciones políticas. La Esfera Pública es por lo tanto, uno de los componentes esenciales dentro de la sociedad, pues es el espacio donde los ciudadanos exponen a la luz pública, las inquietudes de su privacidad descubriendo su identidad, con el objetivo de encontrar más personas con quiénes articular propuestas que puedan influir en las instituciones de la sociedad o, para agrupar esfuerzos y sumar experiencias en la consecución o resolución de unos objetivos personales pero comunes que sobrepasan el ámbito local.

En la esfera pública las personas dialogan para llegar al consenso que valida la ley y constituye instituciones, pero sobretodo, lo que hacen, es presentar sus narraciones. Desde la identidad, que es el aspecto dominante en la Esfera Pública, la narración presenta la Cultura Interior de la persona y la proyecta en la cultura exterior compartida por todas las otras personas. Así se presentan las narraciones que permiten conocer las otras realidades; los otros universos, los consensos, similitudes y diferencias; los efectos y alcances de la Cultura Exterior. Un conocimiento vital sin el cual es imposible dialogar para construir la acción política. Sólo desde el conocimiento racional y el conocimiento empático, se puede construir la acción política honesta de consenso.

Pero la esfera pública no es solo espacio donde se vierte todo, sino que está estructurada en capas y grupos y, a través de ellos, se articula la interactividad con las diferentes partes de la administración y el Gobierno del Estado. Los grupos necesitan dialogar y es bueno que existan, ni que sea para consensuar y facilitar la gestión, pero el diálogo siempre se establece entre personas, con sus concepciones fruto de la gestión que hace la identidad entre la cultura interior y la cultura exterior.

Esfera Virtual (Cultura Exterior)

La Identidad y la Cultura Interior pierden en gran parte su visibilidad cuando entramos en el dominio de la Esfera Virtual. En este ámbito, el aspecto predominante es la Cultura Exterior.
En la esfera Virtual no importa demasiado nuestra Cultura Interior ni nuestra Identidad, pues dentro de ciertos limites podemos ser lo que queramos. Lo importante en la Esfera Virtual es la capacidad que tenemos para escapar del Ámbito Local y para relacionar cada aspecto de nuestra identidad o incluso de cada identidad que deseemos, con las otras identidades perecidas. En la Esfera Virtual, podemos recrear también objetivamente lo que ocurre en nuestra Cultura Interior. Es en la Esfera Virtual donde podemos adquirir conciencia de nuestra Cultura Exterior al eliminar el espacio-tiempo que en general condiciona la comunicación.

Dejando de lado los aspectos más ‘humanos’ y de comunicación que serán ampliados en otros capítulos, la Esfera Virtual también es importante para la propia administración del Estado.

Para evitar el sobrecoste que implicaría la atomización de la administración, esta se tiene que digitalizar totalmente y adaptarse a los *modus de funcionamiento de Internet y las redes sociales. Es básico facilitar la transparencia y el libre fluir de la información entre los ciudadanos y la administración y esto, requiere unos estándares libres para toda Europa; pasarelas seguras, DNI electrónicos que permitan validar el sujeto, que no necesariamente la persona, dejando a discreción del individuo la información que se transmite en cada caso. Paralelamente es imprescindible combatir el spam y otras formas de Cyber-delincuencia y revisar los conceptos de privacidad y derechos de autor.

El objetivo es doble. Por un lado, la persona ha de tener siempre accesible toda la administración del estado, esté donde esté, de una manera segura y fácil de utilizar. Por otro lado, la administración del estado no necesita estar concentrada en un solo lugar por motivos políticos, sino que se puede deslocalizar e instalar en los lugares que considere más adecuados por la tarea que realiza. La Administración del Estado como institución está en la red.

Remolinos

Yo mismo he asociado Ámbito Local, Esfera Pública y Esfera Virtual con Cultura Interior, Identidad y Cultura Exterior respectivamente, pero esta asociación la he realizado porque he pensado que facilitaba la comprensión y clarificaba la importancia de cada aspecto, pero no hay una correlación exacta y completa entre uno y otro aspecto y, todos los aspectos tienen que ser tomados más bien como dominantes que se influencian mutuamente que, como conjuntos cerrados. La Esfera Pública participa también de y en la Esfera Virtual, desde el Ámbito Local se puede trabajar para la Esfera Pública, la Identidad de una persona puede ser la misma y muy potente en el Ámbito Local la Esfera Pública y la Virtual, hechos de la esfera Virtual pueden afectar a la Esfera Pública o incluso el Ámbito Local, etc.

Una metáfora que me parece acertada es la de los remolinos. El Ámbito Local, la Esfera Pública, la Esfera Virtual, la Identidad, la Cultura Interior y la Cultura Exterior son todo remolinos en el mar de la persona. Si los remolinos se mantienen en equilibrio todo va bien pues las fuerzas se compensan y la persona puede desplazarse por todo el mar, pero si dejamos que alguno cobre demasiada importancia, el remolino aumentará su potencia y empezara a absorber o debilitar a los otros y nosotros nos veremos arrastrados hacia ese vórtex. Quedar atrapados en el Ámbito Local, vivir sólo en la Esfera Pública, no ser capaz de vivir con la propia Cultura Interior o dejar que la Cultura Exterior invada toda nuestra identidad, etc. no es sano e incluso deriva en patologías. Al igual que con el comer, necesitamos de todo, pero en la medida apropiada que nuestro cuerpo necesite e incluso la mejor comida, cuando se abusa, es perjudicial.

El estado, al igual que las personas, también tiene que intentar encontrar el equilibrio entre estos remolinos.

3 Comentarios a “La Persona ESP”

  1. […] Pots seguir l’article aquí […]

  2. […] Individuo – Empatía – Acción – Proporción […]

  3. […] vivenda de les persones no és només el que ve delimitat per les parets de la casa, sinó tot l’entorn de la casa […]

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