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La Educación


La teoría política, es de hecho e inevitablemente, una respuesta especifica a circunstancias inmediatas. A pesar de su propósito cosmopolita o de verdad absoluta, está gestada y animada por las exigencias del momento histórico y no es fruto de una línea causal de grandes ideas que culminan en la que ahora se expresa. Consecuentemente, la política educativa que voy a detallar, es simplemente la que yo considero más apropiada para el momento presente de Europa.

La política educativa también tiene en su núcleo las cuatro premisas básicas de toda la política expuesta y que detallo a continuación.

El Individuo Universo:

La educación no puede ir dirigida a grupos, masas, estratos o clases sociales sino a personas. La persona es el fin de toda política educativa. Pero debido a mi particular definición de persona como individuo-universo, esta premisa requiere de un doble enfoque.

Por un lado, cada persona es única y sus necesidades y dificultades son también únicas. Al mismo tiempo, la definición de persona no finaliza en los limites de su piel, sino que se extiende a eso que llamo Cultura Exterior y que es toda la red de vínculos, relaciones e interacciones de las que el individuo tiene conocimiento y que definen una región dinámica de limites difusos entorno al individuo. Por lo tanto, la persona, entendida como individuo-universo a educar, requiere del educador, que antes o en paralelo a su proceso educativo, tenga una aproximación a su singularidad individual, combinada con un conocimiento empático de su universo socio-cultural. Cualquier buen profesor es consciente de esto, pero nadie se atreve a protocolarizarlo.

En otras palabras, para poder ejercer una buena educación, es importante saber si el niño es por ejemplo hiperactivo, tímido, alegre, avanzado, etc (cultura interior) al igual que es importante conocer su cultura exterior: si su familia está desestructurada, o muy unida, si vive en un barrio marginal,o es rico, si es hijo único, o el pequeño de 10 hermanos, si pertenece a una minoría, o si ya ha viajado por todo el mundo etc, etc, de manera que el educador pueda combinar el conocimiento científico empírico, con los datos empáticos que adquiere al conocer su cultura exterior y el individuo.

¿Por qué es tan importante en el proceso educativo intentar que el educador conozca algo tan amplio como la Cultura Exterior del educando?.

Porqué todo acto de comunicación tiene un significado y el significado que intenta transmitir el educador en su acto de comunicación, depende no solo de un signo y un referente, sino también de un interpretante.

El individuo, relacionando su cultura interior y su cultura exterior obtiene una representación mediadora del mundo en función de la cual establece la relación entre el signo que le transmite el educador y el referente. Si el educador no conoce la representación que esa persona está realizando, no podrá controlar plenamente el significado de lo que transmite y, se perderá parte de su función educativa. Se producirá la comunicación entre educador y educando, pero se desconocerá el significado de lo que se ha transmitido.

En otras palabras. Los niños (al igual que los adultos) no son unidades autónomas que viven aisladas de todo. Lo que les rodea, su entorno, les afecta en negativo y en positivo. Por lo tanto, no hemos de fijarnos en su entorno sólo en los casos en que ya existe un grave problema que requiera intervención urgente de los servicios sociales, que es lo que en general ahora ocurre, sino que siempre hemos de considerar al niño inmerso en un entorno (universo) que le afectará en positivo o negativo y del cual es importante disponer del máximo de información, para ayudar en los aspectos negativos y potenciar los positivos.

Una persona es un sistema abierto y las estructuras que se están concretizando o se han concretizado en su interior vienen, en gran medida, determinadas y alimentadas por los flujos que se han generado o se están generando en su cultura exterior. Un buen profesor ha de conocer estas estructuras y que es lo que las está generando. No es necesario que el profesor además ejerza de psicólogo, sociólogo y antropólogo sino que tenga un conocimiento intuitivo fruto de una sensibilidad empática. Si el conocimiento intuitivo es equivocado y el alumno sigue con sus problemas es entonces cuando si que entrará el psicólogo profesional.

Los buenos profesores ya hacen esto, es decir, simplemente conocer e interesarse por el alumno, pero de manera, podríamos llamarla extraoficial y sutil. Simulando que se respeta la privacidad y en general sólo utilizan este conocimiento furtivo, cuando los problemas de la persona afectan el proceso educativo, casi nunca lo utilizan en positivo.

Si queremos educar eficazmente e individualmente, nos hemos de olvidar de la privacidad o hemos de controlar la cultura exterior.

La Empatía:

Los personas viven en sociedad y por lo tanto, han de adquirir las habilidades sociales necesarias para interactuar de la mejor manera con las otras personas de esta sociedad. Puesto que las personas son sistemas abiertos, en cierta manera podemos decir que las personas han de aprender a predecir el comportamiento de otros sistemas abiertos e impredecibles. ¿Cómo es  posible predecir lo impredecible?. Y ¿cómo puedo interactuar si no puedo preveer el resultado de la interacción?.

La respuesta la encontramos en la correcta combinación de razón instrumental y razón emocional. El conocimiento racional y el conocimiento emocional son igual de importantes y se necesitan mutuamente para una correcta previsión de las intenciones de los otros seres humanos. Donde no llega la razón, operan las emociones y donde las emociones pueden cegarnos, actúa la razón.

Por lo tanto, cuando trabajamos una política educativa, hemos de ser conscientes de que una persona muy empática, pero prácticamente analfabeta, no está bien educada ni preparada para vivir autónomamente en sociedad. Lo mismo se aplica a una persona con muy altas calificaciones intelectuales, pero sin capacidad empática.

Desarrollar la Empatía no significa que tengamos que aprender a querer a todo el mundo, sino que aprendamos a conocer y entender en las personas, aquello que la razón instrumental no puede descubrir. No significa sentir lo que siente el otro, sino saber imaginar lo que siente el otro. Por lo tanto, la empatía como conocimiento, no va ligado a ninguna cualidad moral. Del mismo modo que el conocimiento científico como tal, no va ligado a ninguna cualidad moral. La empatía no nos hace más buenos, sino más inteligentes.

Especifico esto porque para muchas personas y, sobretodo para una gran parte de la pedagogía moderna, todo lo que ponga en cuestión la bondad e igualdad natural de los seres humanos es, simple y llanamente, condenable, como dice Gregorio Luri, porque pone en cuestión también su ingenua idealización de un mundo adánico.

Para estas personas, desarrollar la empatía, solo significa que los educadores tienen que ayudar a que los niños puedan ver que todos somos iguales e, igual de buenos. Lo cual es en parte cierto, pero se olvidan de añadir que esas personas, tan iguales a nosotros e igual de buenas que nosotros, pueden tener actitudes e impulsos muy perjudiciales para nosotros. Y nosotros mismos, podemos ser muy perjudiciales para los otros. La Empatía nos ayuda a conocer a las personas con las que interactuamos. La moral nos ayuda a vivir en grupo.

Un inciso.
La moral cultural surge del feed-back o reacción de la cultura interior del individuo al conocimiento (instrumental/emocional) que adquiere sobre una base biológica común.
En cierta manera, la moral-biológica (para distinguirla de sus posteriores construcciones culturales) era una garantía para quienes formaban parte de las primeras comunidades, pues los individuos que no observaban comportamientos morales, eran considerados elementos perjudiciales para el grupo y expulsados del mismo. Obviamente, para un ser social, la expulsión es prácticamente una condena a muerte y también le impide o dificulta su reproducción, por lo que sus genes (que producen el comportamiento amoral) tendrán pocas posibilidades de seguir siendo transmitidos a la próxima generación.
Como dice Arcadi Navarro “De ahí que en nuestros genes haya inscritos una especie de principios universales de colaboración o de penalización ante conductas perjudiciales para la comunidad”.
Fin del Inciso.

Por lo tanto, La Moral es una herramienta de supervivencia en el grupo y La Empatía una herramienta de conocimiento del grupo.  Las dos trabajan en la misma dirección, pero no son lo mismo. Poseemos desde el nacimiento la capacidad de adoptar cualquier principio moral, independientemente de su procedencia cultural, pero una vez que se han adquirido las líneas directrices morales que han de guiarnos y que aplicamos a los hechos que nos rodean, la empatía nos ayuda a entender cómo y porque los demás aplican las directrices morales de diferentes maneras y generan en consecuencia, una serie de normas y reglas que sustentan un discurso canónico más o menos diferente del nuestro o, porque han adquirido unas líneas directrices totalmente diferentes. Es decir, La Empatía evita en parte que nos matemos por las diferencias y ayuda a excusar los enfados.

Básicamente lo que quiero decir es que, lo que constituye la comunidad cultural del niño, el sub-espacio de su Cultura Exterior donde interactúa con las Culturas Exteriores de los otros individuos (podriamos llamarlo su sociedad), requiere obviamente de algún tipo de consenso que asegure la convivencia civilizada entre todos los que interactúan en ese espacio. Este consenso está basado principalmente en la ley, los usos y las costumbres. Es por lo tanto, un consenso en gran medida racional y puede ser estudiado, comprendido y compartido. Pero este consenso racional, sólo explica una parte de la realidad del porque funciona esta comunidad cultural. Para lograr la coherencia real dentro de esta cultura y, con mayor razón cuando elementos que no son de esta Cultura Exterior, se incorporan a ella (por ejemplo los emigrantes), es necesaria la existencia de procedimientos interpretativos que nos permitan juzgar las diversas construcciones de la realidad, que son inevitables incluso cuando se comparte la comunidad cultural o, se producen incorporaciones a nuestra comunidad cultural.

Dentro de nuestra misma sociedad nos discutimos, incluso dentro de nuestra familia nos discutimos. Compartir cultura no es garantía de que lo entendamos todo de la misma manera y por lo tanto, los conflictos son inevitables. Lo importante no es que existan estos conflictos, que son necesarios,  sino que sepamos neutralizarlos, utilizarlos o excusarlos.

El conocimiento de como neutralizar, utilizar o excusar los conflictos no puede derivar del conocimiento racional de la ley, los usos y costumbres, pues el conflicto por definición es irracional o, tiene un componente irracional, sino de la sensibilidad empática que nos permite entender y conocer en las otras personas, aquello que la razón no puede mostrarnos. Es este conocimiento empático, el que nos permite trabajar los conflictos en positivo y evitar que los problemas se enquisten o entren en una rueda de venganzas a la Albanesa.

La sensibilidad empática da coherencia y solidez a nuestra sociedad, al permitir que el conflicto no la bloquee sino que la mejore.

La Acción:

Actuar es la única manera de avanzar, pero la acción, puesto que no es perfecta, siempre provoca errores y conflictos que se han de superar para poder seguir avanzando.

Se puede no actuar y delegar en otros, pero entonces no se adquiere ni experiencia ni control sobre los resultados de la actuación. El aprender a delegar no es negativo, al contrario, es positivo. Es bueno administrar nuestras energías pues, humanos como somos, no podemos llegar a todo y por lo tanto hemos de aprender a confiar en que otros actúen en nombre nuestro. Pero el delegar la acción sólo lo podemos hacer cuando nosotros no somos el sujeto de la actuación. En un aniversario, yo puedo delegar cocinar el pastel en un hermano o, encargarlo a una pastelería. Pero no puedo delegar ser el receptor del pastel de aniversario o, el ser el sujeto que se lo come.

La acción en la educación significa, tomar decisiones, asumir responsabilidades, trabajar y sobretodo aprender a equivocarse y resolver conflictos. Si no ves tus errores y no resuelves tus conflictos; no puedes avanzar. Puesto que el sujeto de la educación es el propio alumno, este no puede delegar la acción educativa. Los alumnos tienen que aprender que ellos han de ser parte de su propia educación y que por lo tanto, han de ser ellos elementos activos en ese proceso. Puesto que no hay todavía píldoras mágicas que proporcionen conocimientos instantáneos y sin esfuerzo, aprender es necesariamente un ejercicio de formación y como tal, exige una disciplina y una metodología constante y bien definida.

Los niños no son tontos, simplemente no tienen suficientes conocimientos. Ellos saben que necesitan aumentar esos conocimientos, les encanta demostrar que ‘yo ya se‘ y saben que para aprender han de actuar y, que se han de equivocar y que se encontrarán con diversos conflictos. Pero es dudoso que de forma natural, todos los niños, al igual que ocurre con la mayoría de los adultos, deseen ampliar sus conocimientos y, mucho menos, si esto exige disciplina, constancia y la humillación del error o el problema del conflicto. Conocer lo que es positivo para uno mismo, no es nunca garantía de que se actuará en esa dirección. Ni en los niños ni en los adultos.

Con frecuencia, lo que la mayoría de personas desean es aferrarse a la seguridad que proporcionan los prejuicios. Por lo tanto, si bien no podemos obligar a los adultos a seguir estudiando, si que debemos hacerlo con los niños y, esto exige que los profesores y los centros educativos intervengan para forzar la acción educativa en los niños.

Es dudoso también que los niños posean esquemas mentales lo suficientemente elaborados como para permitirles aprender libremente por su cuenta, por lo tanto, los profesores educadores no solo han de forzar la acción, sino que tienen que definir, guiar y apoyar el proceso y establecer alguna metodología que permita valorar externamente ese avance.

La proporción:

No hay dos niños iguales, ni dos profesores iguales, ni dos escuelas iguales, ni dos territorios idénticos, etc, etc. Alumnos, profesores y autoridades educativas han de asumir que la proporcionalidad es la medida exacta de todas las cosas y la proporcionalidad solo se puede cuantificar cuando hay conocimiento. Por lo tanto, el entorno educativo exige una atención constante al cambio y la diferencia, para que de una manera dinámica se puedan ir re-ajustando las políticas, los profesores y los alumnos según se considere más oportuno.

También hemos de tener presente que puesto que los limites de una persona, es decir su cultura exterior, son difusos y cambiantes, es necesario tener siempre presente que quizás hemos de ir ajustando la propia acción.

Esto no significa ir a la merced de donde sople el viento, el reajuste es siempre sobre un plan previsto. Siempre hay que tener un plan de ruta y un objetivo pero la acción tiene que ser aplicada proporcionalmente.

Por último, la educación también ha de transmitir el sentido de la proporcionalidad a sus educandos para que comprendan que, las normas, reglas, valores o conocimientos que puedan adquirir, siempre han de aplicarse con conocimiento y mesura, nunca aplicando un mismo estandar a todo el mundo, siempre respetando a las partes más perjudicadas. Siempre el Individuo-universo, siempre la empatía. Siempre la acción con proporción.

Sigue en La Educación. 2ª Parte.

1 Comentario a “– La Educación. 1º Parte”

  1. Gracias por las referencias.
    Un saludo.

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