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– La Proporción

El último concepto clave, La Proporción viene derivado de los otros tres; La Persona, La Empatía y La Acción.

Si el objetivo y fin de la acción política es La Persona.

Si la acción política también tiene que ir guiada por la razón de la Empatia.

Si hemos de ser valientes para Actuar y humildes para aprender de los Errores.

Si aceptamos esto, tenemos que concluir que la acción política en sociedad no puede fundamentarse en el principio de la igualdad. En todo caso, en la proporcionalidad para  la igualdad. Actuar en base al conocimiento específico de cada persona exige actuar proporcionalmente a cada persona e, impide tratar a todo el mundo igual pues cada persona tiene unos problemas determinados en una cultura específica. Mis problemas y mi circunstancia son mis problemas y mi circunstancia. Pueden ser muy similares a los de otras personas pero, son ‘Mis Problemas y Mi Circunstancia’; únicos porque yo, como Persona, también soy único.

Esto no quita que las ideas o motivaciones ideológicas puedan ser todo lo globales que deseemos, pero la praxis de la política ha de ser concreta.

Para que esta acción política sea eficiente se requiere:

– Disponer de un conocimiento claro y concreto del problema.

 

No lo podemos cambiar todo y no sirven los enfoques globales. Los gobiernos han de limitar al mínimo los anuncios de políticas genéricas que no tienen ningún contenido y sólo son anuncios de partido, no de gobierno, y centrarse en las metodologías. Por ejemplo, declaraciones del estilo: ‘Vamos a reducir el paro’, ‘Hemos de eliminar la pobreza’, ‘Se ha de mejorar el nivel educativo de los niños’, etc.  Todo este tipo de declaraciones no tienen sentido porque, por un lado son actos que ya se presupone que el gobierno ha de llevar a cabo. ¿Alguien se imagina al Gobierno declarando que su intención es aumentar la tasa de paro o el maltrato a los niños, o la pobreza y la exclusión social, etc.?. Por otro lado son declaraciones de intenciones que, sin un desarrollo posterior, cualquier partido puede asumir. Todos los partidos quieren acabar con la pobreza en las calles por ejemplo, pero la metodología propuesta por un partido socialdemócrata será muy diferente a la propuesta por un partido de ultra-derecha.

Por lo tanto, estas declaraciones pertenecen más a la orbita del debate ideológico de los partidos, que no a la de la acción de Gobierno. Es un ejemplo más de como la influencia de los partidos en el gobierno es perniciosa, reduce su eficacia y obliga a desviar recursos. La gente ya sabe porque ha votado a un partido y no es necesario que el Gobierno se lo recuerde constantemente, no somos pececitos con memorias efímeras. Lo que se necesita es que el Gobierno presente las metodologías para resolver los problemas a su alcance, es decir, los problemas de los que dispone de suficiente información y recursos para actuar.

– Disponer de un conocimiento claro de los beneficiados y los perjudicados.

 

El conocimiento nos dice que todos somos diferentes y en consecuencia, en la acción (y la comunicación es parte de la acción), no podemos tratar a todo el mundo del mismo modo. Si lo hacemos, anulamos el sentido de la acción y confundimos al receptor. Cuanto más abierto es el foco que utilizamos para iluminar el problema, más difusa es la luz y peor percibimos los detalles. Si pretendemos contentar a demasiada gente, el resultado es que la acción se diluye sin provocar ningún cambio y por lo tanto, no contentamos a nadie. La acción igualitaria, o no es acción o, es discriminatoria con la mayoría.  Por lo tanto, la acción, siempre tiene que ser proporcional y ajustada al conocimiento que tenemos del receptor. Nunca podemos actuar igual con todo el mundo.

Cada cultura y cada problema es diferente y  el legislador o administrador tiene que tener una preocupación real y personalizadas por los beneficiados así como por los perjudicados, pues de hecho son parte de la Cultura Exterior de las personas beneficiadas. Toda acción política real, porque es pública, perjudica y discrimina, aunque sea por pasiva, a alguien y, no se justifica el bien de muchos, si una sola persona, sale perjudicada sin compensación, pues esta/s persona/s perjudicada/s pasa/n a ser un nuevo problema en la Cultura Exterior de los beneficiados y por lo tanto pueden afectar al éxito de la propia acción política.

La efectividad en la acción es fruto del conocimiento personalizado del problema y del objeto receptor de la acción. Objeto que no podemos verlo como un cierto número de seres humanos sino como individuos-universo. Personas que en si engloban también a los que saldrán perjudicados. Solo dirigiendo nuestro conocimiento en esta dirección, podremos actuar en la justa proporción pues comprenderemos mejor todo el sistema y sus nodos.  Cuanto más genérico sea el conocimiento menos efectiva será la acción.

Toda esta parrafada quizás pueda quedar rara o confusa escrita así en genérico, sin un modelo real que sirva de ejemplo. Pero de hecho es algo muy sencillo; es lo que hacemos habitualmente en nuestras relaciones. Actuamos de acuerdo al conocimiento que tenemos de los individuos-universo, es decir: las Personas.

La vida misma

Es evidente que no actuamos igual con nuestra chica que con nuestra madre. Ni hablamos igual a un amigo cuando está triste, que cuándo está contento. Ni actuamos igual en una cena familiar, con los amigos o comiendo con un cliente. Incluso cuando no tenemos conocimiento previo, adaptamos nuestra conducta a la información o impresión que vamos adquiriendo en tiempo real de nuestro interlocutor y su entorno. No reaccionamos igual si una pareja de turistas jubilados nos pregunta una dirección, que si una pareja de yonquis nos pregunta una dirección o, si una pareja de policías nos pregunta una dirección. Además, la actitud la cambiamos a medida que aumenta el conocimiento. Si vemos que los yonquis no son yonquis, que los policías quizás están muy enfadados o que los abuelos turistas son unos estafadores, cambiaremos nuestra actitud pues este nuevo conocimiento adquirido vuelve a hacer cambiar la manera que interactuamos con ellos.

Siempre actuamos proporcionalmente a la información que tenemos en aquel momento, sin olvidar que todo conocimiento lo adquirimos asumiendo que ya tenemos un fondo común, un acuerdo canónico que nos permite conocer e interpretar el significado de los símbolos que captamos y transmitimos. Si hay discrepancias en el acuerdo canónico, entonces antes que interpretar el significado de los símbolos es necesario re-ajustar el acuerdo canónico o justificar sus desviaciones.

La buena actuación es la proporción

Las personas, en sus relaciones, es decir, en sus actos de comunicación, actúan de una manera proporcional al interlocutor y se adaptan dinámicamente, teniendo en cuenta las reacciones del receptor a la propia comunicación o, a la narración y los símbolos que el otro transmite.

Comunicarse, construyendo ambos nuevos niveles de comunicación fruto de la interpretación de los significados de los símbolos transmitidos es una buena estrategia de funcionamiento y colaboración porque:

– La otro persona se siente objeto de interés.

– El mensaje o la actuación se adecua mucho mejor al receptor.

– Aumentamos el conocimiento mutuo.

– Es nuestra manera natural de actuar.
Veamos un ejemplo de esta estrategia de actuación entre personas en un acontecimiento tan banal como una comida para familia y amigos.

– Ejemplo Modelo Personal

Tom ha decidido preparar una comida familiar. Para que esta sea un éxito, necesita saber en primer lugar quien vendrá. De este modo podrá estudiar que local necesita, donde sentar a cada persona y, que tipo de comida será la más apropiada para todo el mundo.

Así, por ejemplo, a la abuela que está muy mayor, la pondrá en un lugar cómodo y alejado de las vías de paso. Para las sillas de los pequeños buscará unos alzadores y los pondrá a todos juntos para que jueguen entre ellos. Además,  les preparará un menú más infantil con macarrones, libritos y pizza. Si dos personas no se llevan bien, no las pondrá juntas y si dos son muy afines, los pondrá cerca. Si uno se ha roto la pierna, lo pondrá en un ángulo protegido de la mesa para que pueda dejar las muletas y estirar la pierna sin peligro. Si hay un bebe, buscará una trona y lo pondrá cerca de sus padres y lejos de los solteros. En función de quien venga, decidirá si se fumara y tomará alcohol y, si sabe que alguien es vegetariano o está delicado del estómago, le preparará un plato más adecuado. El propio Tom se pondrá cerca de la vía hacia la cocina, para poder ir y volver con facilidad y no molestar a los invitados.

En resumen, en función de las personas que vengan y, del conocimiento que de ellas tenga, organizará la comida. Por lo tanto, la actuación de Tom vendrá modulada por el conocimiento diferencial que tiene de cada persona, pero puesto que la definición de cada persona no se termina en el limite de la propia piel, sino que se extiende a su cultura exterior, el conocimiento que Tom tiene de las personas, también tienen que extenderse como mínimo, a los vínculos y relaciones que esa persona establece con todas las demás en la mesa. La comida no puede entenderse como un grupo de personas (múltiples unidades ), ni como una comunidad (una unidad), sino como una malla de personas, en donde cada alteración en un hilo, afecta en mayor o menor medida la situación de todos los nudos de la red. Como diría La Boétie “ne pas tous unis sinó tous uns”.

Es el conocimiento de esta red, un conocimiento fruto del uso de la mente emocional y la mente analítica, lo que garantiza a Tom una buena predisposición para el éxito de la cena. Si luego la comida sale quemada es otro tema. Pero incluso en este caso, cuando la comida se quema, si Tom ha hecho un buen trabajo al disponer la malla de relaciones, los desastres se amortiguarán y las pequeñas victorias serán amplificadas. Actuar en la justa proporción con cada hilo y nodo de la malla es la clave del éxito.

Mejor aún. Lo que ha aprendido Tom preparando y realizando su cena, luego podrá compartirlo con otras personas de la familia que quieran organizar otra cena. Por lo que estas otras personas, aumentarán su conocimiento y experiencia en la materia, sin haber tenido que invertir sus propios recursos, gracias al altruismo típico de las personas que se conocen.
Actuar proporcionalmente gracias al conocimiento personalizado, es la manera que tienen todas las personas de asegurarse o, como mínimo tener más opciones, de que el fruto de su interacción con las otras personas, sea un éxito. Es decir que los recursos que como personas invertimos tengan una contrapartida tan favorable como sea posible, en la lucha para asegurar nuestra supervivencia.

Los seres humanos evolucionamos como animales sociales y esto nos ha dado una ventaja evolutiva enorme, porque permite a un organismo compartir y beneficiarse del conocimiento acumulado por otro. Para lograr esto, hemos tenido que desarrollar una serie de herramientas que nos permitan suponer e interpretar lo que el otro piensa y, crear y dar significado a unos símbolos que puedan ser transmitidos y decodificados por las otras personas. Las regiones más primitivas del cerebro son justamente las que intervienen en el procesamiento social del cerebro y, la evolución nos muestra que el cerebro se ha modificado a si mismo, para que pueda adaptarse mejor al juego de interacciones dentro de otros grupos de personas. Estas capacidades son tan innatas a la persona que incluso las utilizamos para la propia introspección y reflexión.

Las Instituciones

Con estas extraordinarias capacidades para la transmisión y decodificación de significados intra-personales y la capacidad de adquisición de un conocimiento ‘extra’ que no es fruto de la propia experiencia, no es de extrañar que, en un sentido evolutivo, las mallas de personas hayan sido un gran éxito y las personas hayamos tenido una fuerte tendencia a agruparnos en conjuntos cada vez mayores y a vivir por lo tanto de una manera comunitaria; en sociedad. Pero el vivir en sociedad complica la adquisición y la gestión del conocimiento, el material que permite formar la malla y genera la necesidad de nuevas herramientas para trabajar y gestionar grandes grupos de personas. Nuestro cerebro social tiene un límite relativamente bajo cuando tratamos con grandes números de personas. Un límite que está más cercano al grado evolutivo en el que biológicamente todavía éramos cazadores/recolectores que, al tipo de vida en una ciudad occidental. Para suplir esta deficiencia, el cerebro hace el salto conceptual de aplicar las mismas herramientas del cerebro social a las personas que a los símbolos y, llena de significado, que es una manera de decir que llena de ‘persona’, el símbolo. Se teje así la malla, el principio de acuerdo canónico, que sienta las bases para una cultura que posteriormente generará las Instituciones. Unas estructuras parasitarias de las Personas que todavía no hemos aprendido a gestionar.

El problema básico con las Instituciones es que ellas necesitan de las personas, es decir, ninguna Institución tiene razón de ser si no existen las Personas, pero esto no significa que las Personas seamos el objeto de interés de las Instituciones; sólo somos su recurso. Ni significa tampoco que las Instituciones sean personas, aunque puesto que no sabemos muy bien como interactuar con ellas, tendemos a antropomorfizarlas, aplicando con ellas las técnicas de comunicación que son innatas entre las personas.

Pero las Instituciones no son personas y no podemos tratar con ellas como tratamos con las personas. Ni ellas actúan siguiendo las mismas líneas de actuación que las personas. En consecuencia, ni el estado es benévolo, ni Apple es guay, ni Endesa es una estafadora, ni el Ayuntamiento engaña o el banco es un tacaño y por lo tanto, no podemos articular nuestra relación con ellos condicionados por estas premisas. Nos intermediaran personas, pero el trato con la institución no puede hacerse desde el punto de vista humana sino de institución a institución pero antes de profundizar en el tema de las Instituciones y su peligro, hagamos un pequeño salto atrás en el texto y veamos el mismo caso de ‘La Comida’, pero ahora organizada por una gran institución como puede ser ‘La Administración del Estado’.

 

Ejemplo Modelo Institución

Si la Administración del Estado tuviera que hacer esa misma comida básicamente haría tres cosas:
– Primero.

Crear un comité que redacte un documento de descarga de responsabilidades para cubrir cualquier incidencia que pueda ocurrir durante la comida: por si alguien cae de la silla o resulta herido por defectos en la infraestructura, para los casos de intoxicación, por si la comida no responde a las expectativas de los comensales, para los eventos extraordinarios como el que uno loco tire un cuchillo contra uno de los invitados o, explote una bomba, etc. Cuando el documento consiga eximir de cualquier responsabilidad al Estado y, por lo tanto no se le pueda demandar bajo ningún concepto, se hará firmar el documento a todo aquel que participe en la comida; por su seguridad.
– Segundo.

Aplicar lo que diga la ley. Básicamente para evitar otra vez que se le pueda demandar en caso de algún problema. Es decir, si son necesarias salidas de emergencia estas se tienen que hacer según normativa, se tiene que reservar un cupo de sillas para las minorías, tiene que haber un servicio de emergencia si hay personas muy grandes o bebés. Las sillas han de cumplir los estándares y si hay excepciones (niños, abuelos y discapacitados) necesitan sillas homologadas para discapacitados y bebes. El tema de la comida también tiene que seguir La Ley y por lo tanto ha de cumplir los mínimos nutricionales y de sanidad que el estado establece para todo el mundo; nada de huevos frescos, ni comida que pueda provocar intoxicaciones. Todo el pescado ha de ser congelado para evitar parásitos como el Anisakis, la bollería industrial, las carnes muy cocidas, las verduras envasadas al vació, etc. Se han de preparar menús diferentes para los casos excepcionales reconocidos por la administración: diabéticos, celiacos, alérgicos, creyentes de otras religiones, etc, y se ha de vigilar que quién haga la comida tenga carné de manipulador de alimentos y seguro de responsabilidad civil o sino que se encargue a una empresa certificada, etc, etc, etc. Y tiene que haber algún mecanismo de control y sanción por si algún desaprensivo se atreve a entrar con un pastel hecho en casa o con unas galletitas artesanales.

– Tercero.

Puesto que los trabajadores de la administración ya están trabajando en otras cosas, se tiene que subcontratar una empresa que se encargue de hacerlo todo y, una segunda empresa que se encargue de supervisar a la empresa contratada, auditar los resultados y vigila que todo se hace de acuerdo con La Ley y las miles de normativas vigentes tal y como se ha comentado en el punto dos. De nuevo, el fondo del tema es evitar una demanda. Por lo tanto, se creara un comité que analice las necesidades y declare un concurso público. La documentación y las acreditaciones necesarias para participar en el concurso serán tan extensas que sólo podrán participar en el concurso las grandes empresas bien relacionadas con la administración. Las cuales una vez conseguido un buen contrato, subcontratarán a otra empresa más pequeña para que se encargue de todo, la cual arrancará una carrera de ‘downgrade’ para des-institucionalizar cada vez más el trabajo a medida que este se concreta en ‘algo’, hasta que al final tendremos una relación de coste y trabajo realizado en forma de pirámide invertida de manera que cuanto más cerca este alguien del trabajo real sin cualificación, mayor es el coste proporcional en la pirámide.

Por lo tanto, al preparar una comida, a la administración no le importa saber quién vendrá, sino qué tipologías de personas vendrán: niños, adultos, discapacitados, judíos, musulmanes, ancianos, obreros, estudiantes, etc. y como puede evitar que estos grupos le causen problemas. El Estado no actúa en función de las personas, sino de las etiquetas de grupos que ya tiene hechas y pautadas, porque ha estudiado y conoce como puede gestionar y evitar demandas con esos grupos y situaciones. Si es musulmán tiene que comer un menú determinado X y la comida no puede ser el día Y, si es anciano tiene que existir un servicio de emergencias cerca, si hay niños se tiene que poner a su disposición unas sillas que cumplan la normativa para niños, etc.

El Estado gestiona grupos, uniformizados según un baremo, que le permite aplicar a todo el mundo, dentro del mismo grupo, una misma política de acción segura. No pretende adquirir conocimiento sobre las personas para ajustar su acción sino para asignarlos a uno u otro grupo.
Es evidente que este segundo modelo es una exageración, a pesar de que está bastante más cercano a la realidad de lo que muchos puedan pensar. Además es importante destacar, que el primer modelo parece más económico y eficiente y, es más probable que tenga éxito, que el segundo modelo, que parece extraordinariamente caro y, es un milagro si tiene éxito. Aparentemente son dos modelos absolutamente opuestos, pero las apariencias no siempre reflejan la realidad.

El abuso de las Instituciones

Como ya he indicado, actuar proporcionalmente, es decir, tomando en consideración el sujeto de la actuación, parece la manera óptima de interactuar entre dos partes. Pero ¿por qué en nuestra sociedad nos encontramos que las Instituciones (Estado, empresas, organizaciones, etc) cuánto más grandes son, menos proporcionalmente parecen actuar?. Por qué parece que no tengan interés en las personas individuales y sus necesidades, excepto cuánto son casos excepcionales?

Cualquier ciudadano, cuándo tiene que tratar o, se tiene que enfrentar a la administración del Estado, no tiene la sensación de que se esté produciendo una relación de iguales, en la que la otra parte actuará proporcionalmente a las diferencias y necesidades de la persona. Cuándo se entra en cualquier ministerio, se reciben muchos inputs y tenemos muchas sensaciones, pero la sensación de que somos importantes para ellos o, de que se esforzarán para que las cosas nos vayan a mejor, no entra dentro de la lista de sensaciones que la administración nos transmite. Más bien al contrario.
Y con las empresas ocurre lo mismo. Si una persona recibe una factura con un error, se siente perjudicado por la actuación de una compañía, o tiene un problema con un servicio deficiente, cuánto más grande sea la empresa, más números tendrá la persona afectada, de que la empresa no le dedique ni cinco minutos, y mucho menos, se preocupe por él y sus necesidades.
Es más, en general las personas ya nos hemos acostumbrado a que cuándo las grandes empresas y el estado actúan, somos nosotros quien nos hemos de esforzar para que ellos nos vean, modulen su actuación y no cojan el rodillo y pasen por encima de todo el mundo. Para ellos, todos somos iguales: clientes, contribuyentes, votantes, socios, etc. No hay interés en la comunicación, ni en aumentar el conocimiento mutuo, ni en optimizar los recursos, ni mucho menos en trabajar por la felicidad de las otras personas con quienes se está comunicando e interactuando, fuera de los eslóganes publicitarios claro.

Descubro algo nuevo?. No, verdad.?

El problema llega a niveles esperpénticos cuándo entra en juego el poder judicial. Puesto que todos somos iguales no se tienen en cuenta las diferencias de recursos y poder de influencia de uno y otro. Una gran empresa te puede denunciar y obligarte a un juicio porque no has pagado una factura de un euro, aunque sea un error de la empresa, pero mientras tanto, tú tienes que dedicar tu tiempo, recursos y dinero a demostrar que si que has pagado. En cambio, si tú crees que la empresa se ha equivocado de un euro, raramente la llevarás a juicio.

El estado te puede llegar a embargar el sueldo y bloquear las cuentas corrientes si decide que no has pagado correctamente a hacienda. Pero tú difícilmente entrarás en un juicio contra el estado y bloquearás los presupuestos del estado si crees que hacienda te ha cobrado 20 euros de más.
En los dos casos, la justicia quizás actúa igual independientemente de si el denunciante es una gran empresa o un particular, pero acostumbra a ser ciega a cómo afecta su propia estructura de funcionamiento a sus usuarios y como de discriminatoria puede ser su correctísima actuación. La injusticia de la correcta aplicación de la ley no afecta al poder judicial y la injusticia del propio funcionamiento del sistema tampoco. No representa lo mismo pagar un abogado para una gran empresa que para un particular. Tres días de un autónomo sin poder trabajar para preparar un juicio, no representan lo mismo que para la Administración del Estado el dedicar un funcionario tres días a preparar un juicio. Y un juicio perdido, con unos costes superiores al salario de un trabajador durante un año, no afectan y preocupan igual a un jubilado que a una multinacional.

El uso que las instituciones y las personas pueden hacer del poder judicial, los beneficios que de el pueden sacar y la justicia que pueden recibir no es proporcional y es claramente injusta y discriminatoria con quiénes menos recursos tiene.
¿Por qué actúan así las Instituciones?

La respuesta inmediata que nos viene a la cabeza es que las grandes instituciones en general, no actúan proporcionalmente porque no tienen suficiente capacidad, ni conocimientos de las personas afectadas, para poder tener una actuación personalizada con cada persona. Además, les es más fácil actuar tratando a todo el mundo igual, que no intentando una actuación proporcional.
Esta respuesta, a pesar de tener parte de razón, no es del todo correcta. La realidad es que pensar que las instituciones quizás no tienen suficientes capacidades o recursos y no ven que es mejor actuar proporcionalmente, es un error. Todas las instituciones, al igual que las personas, saben que actuar proporcionalmente es mejor y, si que a veces actúan proporcionalmente para conseguir optimizar su actuación o mensaje con la parte interesada. El problema de las grandes instituciones, es que no tienen interés en hacerlo, porque las personas no somos el objetivo de su actuación sino el recurso para su actuación.
En el anterior ejemplo de la comida, cuando Tom actúa, lo hace basándose en el conocimiento que tiene de las personas, porque ellas son el interés y el objetivo de su actuación. El objetivo de Tom es que por ejemplo su abuelo, por mencionar alguien, se lo pase bien durante la comida y coma a gusto. Para Tom, la satisfacción de hacer una comida es conseguir la satisfacción de los comensales, entre ellos su abuelo, con la comida.

Pero, incluso si no lo piensa, en el fondo, en el fondo de la mente de Tom, hay un motor llamado Altruismo Recíproco que durante la cena está a pleno rendimiento. El Altruismo Recíproco es un elemento presente en todas las culturas, de hecho es uno de los componentes fundamentales de cualquier cultura humana e, incluso de sociedades de animales como los chimpancés. El ‘ráscame tu la espalda que yo te rasco después’ es la base de cualquier cultura, es el pegamento que une la malla de conocimiento que en ese momento enlaza las redes de las Culturas Exteriores de todos los comensales y ayuda a que las Culturas Exteriores puedan participar más de las Culturas Interiores de cada Persona. El conocer, reconocer y estar agradecido a otra persona facilita el florecimiento del  Altruismo Recíproco y ayuda a fortalecer los vínculos.

En el segundo modelo, cuando actúa la Administración del Estado, lo hace basándose en el conocimiento que tiene de El Sistema y, por lo tanto, su actuación es proporcional al conocimiento que tiene de la estructura de El Sistema, no del conocimiento que pueda tener de Las Personas. El Sistema y/o las otras Instituciones son el objetivo de la acción y es a este nivel a donde se dirigen los esfuerzos.

Si al igual que en el caso de Tom escogemos el abuelo, veremos que los intereses de la Institución del Estado son muy diferentes de los que tenía Tom. El objetivo del Estado es que el abuelo no se intoxique y su intoxicación salga publicado en algún medio de comunicación, o que no se muera durante la comida sin tener un operativo preparado o, que por error, se le ofrezca comer cerdo y sea judío y entonces los grupos judíos le pongan una denuncia.
Al Estado, el preparar con éxito una comida no le aporta ningún potencial beneficio como el del Altruismo Recíproco pues esta característica está ausente en el entorno de las Instituciones. En todo caso, quizás algún político –es decir una Persona- aprovechará ese ‘surplus’ de gratitud sin receptor, para otorgarse el mérito del éxito y así hacer visible quien es el merecedor del potencial beneficio del Altruismo Recíproco que los beneficiados por la comida pueden otorgar. Pero para la Administración del Estado, como Institución que es, no hay nada. No gana nada y  todo es una fuente de problemas de la que debe protegerse. El abuelo, como cualquier otro comensal, es un problema. La Administración del Estado, si no le puede sacar partido a su actuación, como mínimo tiene que evitar que le cause un perjuicio. Insisto; las Instituciones no son Personas y no pueden acceder a técnicas de mejora como el Altruismo Recíproco. Entre ellas solo reina la guerra por la supervivencia

A las grandes instituciones, las personas en si no les importan (ni en positivo ni en negativo). Lo que les preocupa es que la actuación, o más bien la inclusión, de las personas dentro de su modelo de actuación, no altere el sistema, no permita adelantos de otras instituciones y no les cause ningún perjuicio. Su vida es la lucha constante.
Instituciones sin corazón

Si la acción y la comunicación se produce sólo entre Instituciones, la carencia de conocimiento empático no es ningún problema, pues el conocimiento racional es suficiente para adquirir un conocimiento apropiado (que no completo) de la situación, posición e intereses de las otras instituciones que luchan por el mismo espacio. Pero cuándo entran en el juego las personas, para adquirir un conocimiento apropiado del sistema es necesario disponer de la máxima información que nos puede dar el conocimiento racional y, de la máxima información que nos puede dar el conocimiento emocional; y esto es simplemente imposible para las instituciones. En consecuencia, no pueden actuar proporcionalmente y, su actuación con las personas es, en mayor o menor medida, injusta y discriminatoria y siempre ineficiente.
El no poder acceder al conocimiento Empático es un grave problema para las instituciones, porque casi todas tienen que tratar con personas y su trato será necesariamente deshumanizado y esto, a las personas, no nos gusta. Además, tampoco pueden emular el Altruismo Recíproco de los humanos o crear una versión para las instituciones pues el Altruismo Recíproco tiene una economía adaptativa singular. Requiere invertir un poco más de los propios recursos para establecer un vinculo favorable con otra persona, con la ‘esperanza’ de que esto genere una sinergia favorable a los dos. Hasta aquí todo bien. El inconveniente es que es imposible determinar cuanto se tiene que invertir, tampoco puedes saber cuan importante será el retorno, ni cuando se producirá. De hecho no puedes ni tener la certeza de que habrá retorno.

Desde un punto de vista puramente de la razón lógica o de la economía, es una inversión ciega, absurda e inútil. No sabes donde invertir, ni que invertir, ni cuando verás los beneficios, si es que hay algún beneficio. Es un absurdo absoluto, pero para los humanos es casi la clave de nuestra existencia. Si el conocimiento es el material de la malla, el Altruismo Recíproco es el pegamento de la malla, el elemento que le da una tensión saludable y tranquilidad espiritual a las personas enredadas en esa malla. Tener una familia que te quiere, unos parientes que te ayudan, unos amigos que te dan soporte si tienes problemas, una pareja que te quiere incluso cuando las cosas van mal es para los humanos igual o más importante que tener una cuenta económica saneada o una gran casa. El Altruismo Recíproco es en gran parte lo que hace que tengamos amigos, parejas, hijos, conocidos, etc. Y tampoco podemos considerarlo una inversión ciega pues es un rasgo que aplicamos selectivamente y esta selección la realizamos en función del conocimiento que obtenemos, no por el uso exclusivo de la razón instrumental, sino por el uso conjunto con la razón emocional que adquirimos gracias a la empatía.

El altruismo recíproco es un rasgo fundamental en cualquier cultura y su uso es una excelente inversión, pero requiere de un gran conocimiento empático y racional. Si te doy la espalda y cierro los ojos tengo que estar muy seguro de que todo irá bien y me rascarás la espalda y no que decidirás clavarme un cuchillo para eliminar competencia. Conocer al otro para detectar al falso altruista requiere una enorme capacidad de procesamiento de la información. Millones de pequeños detalles y percepciones se transmiten al mismo tiempo y tenemos que procesarlo a una velocidad que todavía ahora escapan a las capacidades de procesamiento de los mejores super-ordenadores, pero que cualquier persona, combinando su mentalidad emocional con su mentalidad racional en una especia de meta cerebro social, realiza sin demasiados problemas. Podemos equivocarnos algunas veces y luego cambiar de opinión, pero decidir si te fías o no de alguien, es algo que realizamos todos en un par de segundos, aunque tardaríamos días en explicar el porque y mucho más tiempo en demostrar científicamente el porque.

Sigue en Instituciones Versus Personas

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