Feed on
Artículos
Comentarios
Haz clic aquí para imprimir esta página. Lo leerás mejor

Aunque las ideas expresadas en el artículo ‘Primera Verdad: Yo me equivoco‘, puedan dar pie a pensar que defiendo un importante grado de relativismo, que imposibilita toda acción clara y directa, esta visión es errónea. Es cierto que no acepto casi ninguna verdad objetiva, pero únicamente porque creo que estas verdades, no están por ahora a nuestro alcance. Esto tan solo implica que tenemos que seguir trabajando, para mejorar en todos los aspectos y, aceptar que es muy probable que nos equivoquemos y sepamos aprender del error.

Mi escepticismo no desacredita la verdad ofrecida, sino que quiere mejorarla e introduce la humildad de tener que corregir los errores. Es en la Acción por el cambio y la mejora, donde espero que cada vez vayamos acercándonos más a la realidad de las verdades que buscamos.

¿Y cómo sabemos cuándo hemos llegado?

Desconfío de los ‘¡Eureka!’ o las iluminaciones espontáneas y totales. Pienso que no veremos nunca, un luminoso neón que diga “Lo has conseguido. Bienvenido al Final del Camino”. Las ilusiones nos marcan el camino y nos empujan a seguir, pero la verdad pienso que no la descubriremos como algo que nos viene de frente, sino que la sentiremos. Me refiero obviamente al mundo de las ideas y la moral, no al mundo de la física o la naturaleza.

Podremos considerar una verdad, idea o concepto moral, como correcto o positivo objetivamente, cuando la aplicación o la comprensión subjetiva de este hecho, nos proporcione la menor duda sobre nuestra máxima calidad de vida, de acuerdo con el objetivo de vida de los seres humanos. Es decir, cuando estemos a gusto y felices con nuestra manera de vivir y nuestros valores y, la duda de que ese estado es mejorable, sea tan mínima o tan constructiva, que no afecte a nuestro estado presente, ni nos impida seguir avanzando en nuestro objetivo como seres humanos.

¿Y qué es el objetivo del ser humano?

El objetivo de todo ser humano es convivir sano y feliz. Digo ‘convivir feliz‘ que no ‘ser feliz‘, porque el grado de felicidad del ser humano, viene condicionado por el nivel de felicidad de las personas que  importan y forman parte de la propia Cultura Exterior. Puesto que lo que yo soy como ser humano no finaliza en mi piel, sino que se extiende a las relaciones en las que participo o de las que soy partícipe; la calidad de mi vida dependerá también, del bienestar y la salud de las relaciones en las que participo o de las que soy partícipe. Y como todos los seres humanos estamos relacionados, cuanto más amplio sea el conjunto de individuos con una buena calidad de vida que me rodea, mejor será la calidad de vida que tendré, y la felicidad que podré conseguir.

Que la felicidad de los otros esté vinculada con la propia felicidad, no implica que el primer objetivo para lograr la propia felicidad, sea entrar en la vida de los otros. El primer objetivo no es tanto intentar hacer felices a los demás, -hecho que implica intervenir en la vida de otras personas que no han pedido la intervención- sino evitar hacer daño a los demás.

Vivir, siendo vigilante de que los actos de tu vida no provoquen dolor, ya exige un nivel de coherencia, de atención a tus actos, y del efecto de estos actos en la vida de los demás, muy alto. Esto no quita que si otra persona quiere, la puedas ayudar a ser feliz. Simplemente, pienso que el estar atento a que tu manera de vivir no cause dolor, ya es una meta suficientemente alta para la mayoría de personas.

Por lo tanto, concretando un poco lo expuesto. No hay verdades dogmáticas sino una permanente atención al camino y a los errores que vamos cometiendo. Acción implica actuar, corregir y avanzar. El objetivo final de este camino y lo que nos empuja a ir corrigiendo los errores y a seguir avanzando, es conseguir convivir sanos y felices. Puesto que yo soy parte de muchos, que vivimos en un entorno dinámico, mi calidad de vida dependerá también de la calidad de vida de los otros. Estas otras personas forman parte de mi, por lo que yo, puedo actuar para mejorar su calidad de vida. Pretender actuar para conseguir su felicidad puede ser un poco presuntuoso, por ahora, si mi Acción es vivir procurando que la propia manera de vivir inflija el mínimo dolor en quienes nos rodean, pienso que ya habremos conseguido un gran avance.

Con esta filosofía de actuación in mente, volvemos a la Acción pero en Política y centremonos en dos ejes:

1 – La proporción en la Acción.

2 – La empatía con los afectados por la Acción.

———–

1 – La proporción en la acción.

– Ya he señalado que el primer concepto a tener en cuenta es que nadie tiene la verdad absoluta y que por lo tanto, todos podemos equivocarnos. La administración la primera. Por lo tanto, la administración debe intentar reducir al máximo las afectaciones negativas de sus acciones. Si al final resulta que se ha equivocado, será muy positivo que el error haya producido el mínimo de consecuencias irreparables.

La acción es positiva, pero cuanto más actúas, como es el caso de la administración, más tienes que fijarte en no romper nada irreparable y más atención tienes que poner en tener previsto lo que costará volver a dejar lo que tu acción ha modificado, tal y como estaba antes, si te has equivocado.

Aunque nadie tiene la verdad absoluta, no deja de ser cierto que quien más poder tenga, mejor venderá su verdad y a más gente convencerá. Y la administración del Estado y las grandes empresas tienen mucho poder. Por lo tanto, se deben establecer unos mecanismos de proporcionalidad o compensación que ofrezcan las mismas oportunidades a todos. No es suficiente el que la ley garantice los mismos derechos, y la administración acepte que puede equivocarse, además se han de crear mecanismos compensatorios para que el más débil tenga la garantía de que tendrá la capacidad de ver cumplidos sus derechos.

Cuando la administración o las empresas se enfrentan a un ciudadano para imponer su verdad, las posibilidades de que el ciudadano pueda mostrar su verdad o su error son prácticamente nulas. Es un enfrentamiento entre una institución y un ciudadano. Una batalla desequilibrada por propia definición, que obliga al afectado a entrar en un proceso judicial largo y farragoso, de resultados inciertos, que lo único que consigue es desincentivar a la mayoría de personas de que ejerzan su derecho a reclamar o a defenderse.

Ejemplos:

  • – Si un ciudadano se queja de que una empresa telefónica le ha estafado o engañado, el ciudadano nunca tiene las mismas oportunidades, ni recursos, para litigar contra la empresa telefónica que si la situación se invierte y es la empresa telefónica la que se queja de que un ciudadano le ha engañado y le pone una demanda.
  • – Un ciudadano que se vea afectado por un error de la administración, por ejemplo en la declaración de renta, nunca tendrá la misma respuesta de la administración, que si es la administración, quien descubre un error del ciudadano en su declaración de renta. En el primer caso, el ciudadano afectado deberá dedicar mucho tiempo y esfuerzos para lograr una exigua rectificación. En el segundo caso, en cuestión de días ya le habran embargado el dinero de la cuenta y tendrá una multa.

¿Alguien conoce el caso de algún particular que haya conseguido embargar las cuentas del Estado o de una multinacional, para recobrar su dinero?. No, ¿verdad?.

¿Y al revés?, ¿Conoce a alguien a quien alguna gran empresa le haya cobrado de más o la administración le haya embargado la cuenta, para cobrarse un dinero indebido? Seguro que si.

En los litigios con Instituciones, la balanza está tan desequilibrada que es necesario habilitar mecanismos compensatorios para que las personas puedan presentar su verdad, en igualdad de condiciones.

La garantía de una sociedad justa radica en la justicia y por lo tanto, la primera función de los jueces, debe ser determinar las condiciones de igualdad de inicio de los procesos, para que la propia actuación de la justicia no condicione el resultado.

¿Qué quiere decir esto?, Que no es lo mismo que Telefónica demande al Sr. X porque que le debe un euro, a que el Sr. X demande a Telefónica porque le debe un euro. La ley es la misma para todos, pero su afectación ha de ser proporcional e individualizada. Por tanto, en el caso anterior, la Justicia debe garantizar que los recursos que el Sr. X y la empresa de telefonía invierten y/o han invertido en el proceso, sean los mismos, para que la posterior respuesta judicial garantice la igualdad.

Me alargo un poco más con esto porque es importante.

Establecer las condiciones de igualdad implica que por ejemplo, en la demanda del Sr.X contra la empresa Telefónica, el motivo de la reclamación puede ser simplemente de un euro, pero el total de la demanda será en función del tanto por ciento que este euro represente en la economía del Sr. X, calculado sobre el total de la empresa, más el tanto por ciento de tiempo y recursos invertidos por el Sr. X en este proceso judicial calculado sobre el total de la empresa. Así, si un euro es un 0,01 por ciento del patrimonio del Sr.X y esta persona, para sacar adelante el proceso ha tenido que dedicar cuatro días y el 2% de sus ingresos, entonces para el receptor, es decir la empresa telefónica, la demanda total será:  el euro, más el 0,01 por ciento del patrimonio de la empresa, más el coste que representan cuatro días de los recursos de la empresa, más el 2% de los ingresos de la empresa.

Si esta reglamentación funcionase, la primera impresión es que todo el mundo abriría demandas contra las grandes empresas, aunque no sean sujetos de ningún error, simplemente por la posibilidad de poder  ganar millones de euros de una manera sencilla. Y es posible que algo así suceda, pero hay que tener presente tres aspectos más.

El primero es que la justicia ha de ser progresiva y por lo tanto cada recurso aumenta la penalización. Es fácil arrancar una demanda contra una empresa o contra el estado, pero a partir de la primera demanda, has de estar muy seguro de que tienes la razón, porque cada recurso implica que, si pierdes las consecuencias serán peores y las instituciones tienen más recursos y ganas de seguir litigando que las personas.

El segundo aspecto es que, en el caso de que se produzca una situación manifiestamente injusta, y una Institución considere que se le está haciendo chantaje, se puede solicitar la intervención del Poder Supervisor, el cual no juzgará en base a la legalidad, sino en base a la ética y la justicia y por lo tanto, puede dictaminar contra la persona que esté aprovechándose de la ley en beneficio propio.

El último aspecto es que las empresas han de aprender a hacer bien las cosas y en caso de un error, pecar por defecto que no por exceso. El impacto que sus errores tienenen la vida de las personas , puede ser considerable y por lo tanto han de aprender a hacer las cosas bien.

En resumen, el impacto en la vida que un litigio tiene para las partes afectadas ha de ser igual para las personas que para las instituciones. En caso contrario se produce una evidente discriminación contra las personas individuales, que evidentemente no pueden igualar los medios y poderes que las instituciones tienen. La Justicia y el Poder Supervisor han de actuar para garantizar que las actuaciones son proporcionadas y justas.

Esta directriz puede llevar a la ruina a grandes empresas, pero es la manera de que la relación personas Vs instituciones se iguale; que las grandes empresas sean las últimas interesadas en ir a juicio, que tengan el máximo interés en satisfacer a los clientes y que sus accionistas, sean los primeros interesados en que el comportamiento de la empresa sea ejemplar.

2 – La empatia con los afectados por la Acción.

– Toda acción, fruto de una decisión política, tiene unas consecuencias. Estas consecuencias se deben valorar no sólo en función del valor de la decisión política catalizadora, sino también en función de la afectación que las consecuencias tienen con los afectados.

Que una acción política sea muy positiva o importante, no implica que los afectados negativamente por las consecuencias de esta acción, se tengan que sacrificar en mayor medida que el resto de la población, con la excusa de que esta acción será por el beneficio de muchos. En la misma línea, no porque el proyecto político sea muy importante, sólo debemos fijarnos en las consecuencias o afectaciones muy grandes.

Los pequeños cambios, los que quizás sólo afectarán a una persona, a dos metros de un jardín particular, a 300 euros de una pequeña empresa, a los horarios de una pequeña escuela; son muy importantes. Pues es en los pequeños detalles, en los que se muestra a la población, que la administración trabaja para ellos, los tiene presentes, y los considera como seres individuales únicos e importantes.

Ejemplos:

  • Se han de negociar las condiciones laborales de los trabajadores y sólo se habla con los grandes sindicatos.
  • Debe regularse la pesca y sólo se habla con las grandes navieras.
  • Se expropian unas tierras y sólo se reunen con los grandes terratenientes y los ayuntamientos.
  • Se quieren marcar unas tarifas y sólo se fijan en los grandes grupos de población.
  • Se quiere reformar la educación y solo se habla con sindicatos, especialistas y grupos de escuelas.

Casi siempre en la acción política, sólo pensamos en los grupos mayoritarios. Pero actuando así, convertimos la democracia de la mayoría, en una dictadura para la minoría. Todos, en algunos aspectos, bajo algún epígrafe o etiqueta, formamos parte de los grupos ‘mayoritarios’, y por tanto no podemos considerar que la administración nos discrimina, pero también es cierto, que todos, en algunos aspectos, somos únicos. Todos tenemos unas características propias, que nos diferencian de las otras personas y, estas especificidades nuestras, que la administración del estado suele descartar directamente, son de hecho, lo más importante para uno mismo, pues es lo que nos diferencia a unos de los otros.

Es necesario por lo tanto, que la administración tenga los mecanismos para tratar los problemas y las consecuencias de sus errores con las personas individuales. No es justo que si eres un gran empresario tengas acceso directo al Consejero de turno, pero si eres un particular, sólo tengas acceso a un formulario y un número de teléfono con contestador. La etiqueta que las instituciones, sobretodo el Estado, te asignan son muy importantes para definir tus capacidades dentro de la sociedad. Si perteneces a un grupo minoritario y poderoso tienes más capacidad de influir en la política que si perteneces a un grupo genérico y con poco poder. ¿Obvio, no?. Pues si, es obvio, pero no es justo, y puesto que el etiquetar a alguien e incluirlo en un grupo, determina el impacto que la actuación de la administración pueda tener en su vida, hemos de prestar especial atención al tema de como somos etiquetados por las Instituciones.

Etiquetas o Tags

En general la acción de la administración se hace sólo en función de nuestra pertenencia a los grupos comunes, por la sencilla razón de que hasta hace poco, no habían herramientas para hacerlo de otro modo. Los convenios laborales por ejemplo, se hacen por sectores industriales, no para cada empresa o pequeño taller. Los planes urbanísticos se hacen por núcleos de población o por barrios, no se hace un plan para cada casa. Los programas educativos se hacen para cuatro o cinco tipologías de, estudiante y escuela, porque no se puede hacer un plan educativo para cada estudiante o para cada escuela. Y así con casi todo.

La administración, crea unos elementos identificadores como el DNI, y luego tiende a fijarse en las características o etiquetas comunes de los individuos. Es decir, los Tags Comunes que permiten agrupar gente bajo una misma etiqueta. La administración sólo se fija en los Tags Diferenciadores, en casos excepcionales, pues la función básica de la administración del Estado es la gestión pública de grandes grupos y por lo tanto, busca, al definir los sujetos, localizar los Tags o etiquetas similares, que le permitan incluir los sujetos dentro de grupos más amplios, y de este modo le faciliten la gestión de la población.

Pero las Personas no nos consideramos ‘uno más‘, dentro de una masa de gente idéntica. Todo el mundo quiere ser, sino único, si claramente diferenciado. En primer lugar porque la propia conciencia nos indica que somos seres individuales y no parte de un organismo o una especie de ‘mente-enjambre’. En segundo lugar, porque gran parte de nuestra propia existencia y valoración como personas, reside en el hecho de que se nos pueda diferenciar de los demás seres humanos. A nadie le gusta que su chica se vaya con otro chico, por que se ha confundido, o que los hijos no identifiquen a sus padres porque les parezcan todos iguales.

A diferencia de la administración, los individuos construimos nuestra identidad buscando la diferencia respecto a los otros individuos y, por lo tanto, si nos piden de indicar las etiquetas que nos puedan definir, en general buscaremos los Tags Diferenciadores en vez de los Tags que nos agrupen. Incluso cuando utilizamos los Tags Comunes (me gusta el fútbol), procuramos reducir el grupo al que pertenecemos (soy del Barça) para diferenciarnos de otros grupo más grande.

Veámoslo con un caso sencillo. Tim es una persona que:

Según la administración del Estado es:

  • * – 21 años
    * – Sexo Masculino
    * – Estudiante Universitario
    * – Nombre completo Tim Bofar Gumer
    * – Raza Caucásico
    * – Padres separados
    * – Nacionalidad Española
    * – Vive en una gran ciudad
    * – Tiene carnet de conducir
    * – Tiene coche propio
    * – Trabaja los fines de semana
    * – Con DNI 35124134-D
    * – Con un Telf.. Mobil
    * – No tiene alergias ni enfermedades crónicas
    * – Etc

Según él mismo:

  • * – Alto
    * – Joven
    * – Le llaman ‘Timi’ y le gusta.
    * – Un pringao en el curro.
    * – Buen estudiante pero con tendencia pasar en el día en el bar.
    * – Uno más de los que ya están aburridos de la universidad
    * – El chico de Carla Gris Pongi
    * – Un poco tímido
    * – Bastante envidioso
    * – Tiene una mierda de coche
    * – No le importa que su coche sea un pote porque quiere una moto.
    * – Competitivo. Muy competitivo.
    * – Adicto a su XBox la cual tiene una rallada en un lateral
    * – De pocos amigos
    * – Le huelen demasiado los pies
    * – Orgulloso de su cabello rubio, pero con una piel llena de pecas que no le gusta.
    * – Seguidor del FC Barcelona pero no va al campo
    * – Le gusta la ropa de Diesel y no la de Desigual
    * – Le gusta el sonido Manchester de los 90 que conoció gracias a su hermano
    * – Etc

El primer grupo son algunos de los Tags que busca la administración en los individuos, para poder definirlos e incluirlos en sus diferentes grupos de trabajo. No debemos olvidar que la administración trabaja con grupos y sólo excepcionalmente con individuos. Y en estos últimos casos, su tendencia es a cosificar estos individuos únicos, es decir tratarlos como objetos, para gestionarlos como si fuesen grupos de una sola persona, y así poder en un futuro incluir en ese grupo, a más personas.

El segundo listado son algunos de los Tags Diferenciadores que el propio individuo puede tener de sí mismo y que cree que conforman con más precisión quién es.

Los Tags de la administración integran a la persona Tim dentro de unos grupos y definen a donde pertenece (nacionalidad, estatus, nivel social, nivel educativo, etc). Los Tags de Tim, son los que le distinguen de las demás personas. Incluso cuando son Tags que podrían incluirlo en un grupo, por lo general, esta inclusión es como reacción a otro grupo más grande. Es decir, no se define dentro de un gran grupo, sino que se distingue del pelotón, poniendose en un grupo más pequeño, que piensa que lo caracteriza mucho mejor.

Como es lógico, la administración no puede enfocar sus políticas de forma selectiva para cada individuo y por lo tanto, teóricamente tiene que decantarse por hacer políticas globales. Como mucho, puede establecer una especie de red administrativa para recoger a aquellos casos de particulares o pequeños grupos de población, que no encajan en la política de ningún grupo.

Pero al actuar así, al olvidarse necesariamente de nuestras individualidades y peculiaridades, la administración hace que la mayor parte de la población sienta indiferencia o rechazo por sus políticas.

A nadie le gusta que sólo se vea de él, lo que es común a todos, y no se pueda apreciar lo que le hace diferente y único. En consecuencia, mucha gente siente que las actuaciones políticas y de la administración, no están realmente dirigidas a él y, no se sienten responsables de actuar correctamente con el espacio público que gestiona la administración. Se percibe a la administración como algo ajeno, como la gerencia de una kafkiana empresa gigante en la que obligatoriamente hemos de trabajar un tiempo, porque el estado tiene un poder coercitivo que puede dirigir contra nuestra persona.

No sólo se amplía la desafección con la clase política, sino que la población está separándose de todo el aparato del estado, pues nota que lo que es importante para la administración, raramente es importante para los individuos.
¿Qué es lo más importante de las personas… para las personas?

Lo que es más importante de mí, no es que sea un hombre caucásico de estatura media, 65 kg, clase media y europeo. Estas son unas características que comparto con millones de individuos, y que en ninguna medida servirán para que la gente que me quiere o me aprecia, pueda distinguirme de las otras personas. Lo que queremos no es ser definidos y catalogados, sino distinguidos, para poder ser apreciados y respetados. Y esto es algo que la administración tiene que aprender.

La administración se reconoce incapaz de atender a todos los individuos de una manera personal y, de poder dedicar tiempo a lo que tienen de particular cada uno, pero al mismo tiempo, es consciente de que no puede tratarlos siempre como meros números; despersonalizados. Si las adminsitración borra las diferencias de las personas, les borra la personalidad y, por tanto debilita enormemente su autoestima y eso no es nada positivo.

Cuando la persona tiene una personalidad muy rica, plena y diferenciada, el necesario cepillo uniformador que aplica la administración del estado para poder gestionar a la población, no tiene consecuencias en la personalidad, más allá de algún enfado al sentirse tratado siempre como un número, o la frustración temporal al tener que tratar con la burocracia del estado. Pero hay una parte de la población que no es así. Por diversas razones, los elementos de su personalidad que les diferencian, los que les hacen únicos y de los que pueden sentirse orgullosos o como mínimo a gusto con ellos, no son muchos, y tampoco han sido demasiado trabajados, por lo que la actitud uniformadora de la administración, que intenta rebajar o destruir cualquier elemento diferenciador, les afectan en mayor medida.

La administración del estado, para compensar la homogeneidad y monotonía que ella misma provoca, ofrece una simbología pret-a-porter para grandes grupos con símbolos como: la nación, la patria, la clase, el idioma, las selecciones deportivas, la moneda, las tradiciones, etc.

La intención del Estado, es facilitar una serie de elementos simbólicos comunes y controlados, de los cuales el individuo, si los acepta, pueda sentirse orgulloso, y que llenen el vacío que la ausencia de elementos diferenciadores propios le ha generado. Es decir, si por la razón que sea, tu vida en esta sociedad te ha dejado sin elementos que te permitan construir una personalidad, de la que estés orgulloso o te sientas a gusto con ella, el Estado y las Instituciones te ofrecen una serie de elementos estandar para que te construyas una personalidad útil.

Todos en mayor o menor medida, caemos en la tentación de ‘comprar’ estos gadgets de personalidad pret-a-porter, porque es muy importante para toda persona el poder ser apreciado por lo otros; somos seres sociales. Y para poder ser apreciado, tienes que poder ser destacado de entre la multitud. Si no te diferencias de la masa de gente, es imposible que se te vea. De alguna manera tienes que poder ser distinguido, perfilado, identificado, para poder ser juzgado por alguien que observe y establecer rápidamente una comunicación con esa persona que en el fondo solo diga: “Ei tu, vale la pena conocerme”. Y cuando te dan estos gadgets para que puedas rápidamente desmarcarte de los demás, ya sea una nación o una gafas de sol, es difícil negarse a utilizarlos.

Qué soy y qué quiero ser

Las etiquetas que nos aplicamos, cuando son adquiridas en la administración o en otras instituciones, son muy útiles porque, cualquier etiqueta, no solo diferencia, además tiene un significado incrustado. Si la etiqueta es un elemento diferenciador tuyo, eres tu quien tiene que llenar la etiqueta de significado y defender este significado, pero si adoptas una de las etiquetas pret-a-porter ya tienes un equipo de personas que se encargan de crear el significado y defenderlo por ti. El caso más evidente es con el patriotismo. Si tu te aplicas como elemento diferenciador pret-a porter la pertenencia a un país, y en ello pones parte de tu orgullo, por ejemplo, ser francés, ya tienes la etiqueta lista para ser usada, con un riquísimo significado y un equipo de instituciones y administraciones que se encargarán de defender tu etiqueta e ir actualizando su significado y simbolismo para que tu puedas sentirte siempre orgulloso de ser francés. En cambio, si tu etiqueta es Cèret, el pueblo donde has nacido, gran parte del esfuerzo de llenar de significado el símbolo, defenderlo y explicarlo, recaerá sobre ti.

Pero lo mismo ocurre con casi todo. Una persona puede vestirse seleccionando la ropa en varias tiendas de ropa sin marca conocida, o puede comprarla en una tienda de marca. Si la compra en varias tiendas de ropa poco conocida tendrá que construirse el significado y el mensaje que quiere transmitir. Si adquiere la ropa en una tienda Armani, GAP, Nike, Zara, Desigual, etc, gran parte del significado, su defensa, el mensaje y la actualización corren a cargo de la empresa.

Si adquieres etiquetas pret-a-porter, la vida puede parecer más sencilla y obviamente, requiere menos trabajo de tu parte, y esto no es que sea malo en si. Cuando tu identidad y el elemento que te venden coinciden, pues para que vamos a negarlo, es muy cómodo.
El problema surge cuando la persona no valora, o no tiene otros elementos propios diferenciadores. Cunado lo único que tiene son los Tags Comunes pret-a-porter que ha adoptado y, entonces, quiere que se le quiera, respete o aprecie, por sus etiquetas pret-a-porter: ser Americano, Español o Japonés, Hombre o Mujer, blanco o negro, cristiano, musulmán, hinduista o ateo, comunista o nacionalsocialista, obrero, abogado o empresario, del Barça o del Madrid, joven o anciano, es decir por algún Tag Común.

Cuando esto ocurre, esa persona está prescindiendo de parte de su identidad para sumarse a una identidad genérica, que le dará muchos más réditos, pues ya viene con un mapa de ruta establecido, un muro para protegerse y una lente de aumento para amplificar las diferencias de grupo pero que no le llenará. Ser amado por algo que compartes con millones de personas y que además no es un rasgo tuyo, sino que es un rasgo grupal o una marca es, en general, poco satisfactorio y un primer paso hacia el radicalismo y el totalitarismo.

Indico el radicalismo y el totalitarismo porque la persona que desplaza el objetivo de enriquecer la propia vida, por que no ve nada en ella que enriquecer, por el éxito del grupo del que han tomado los símbolos pret-a-porter que utiliza para fundamentar su diferenciación, está situando el valor de la personas, como ser único, por debajo del valor del grupo al que quiere pertenecer. Y por lo tanto, si esa persona valora más el grupo y el símbolo que su propia persona, también valorará más el interés del grupo y el del símbolo, que el de otras personas como tu. Para alguien que valora más el símbolo adoptado que su propia persona, el que las otras personas no actuen igual y no valoren el símbolo por el que él ha renunciado a su persona, es casi una declaración de guerra.

Por ejemplo: No tiene nada de malo que te alegres por los éxitos de tu club de fútbol o la selección de tu país, lo que es preocupante es cuando tu felicidad depende de los éxitos de tu club de fútbol o de la selección de tu pais. Tampoco es muy preocupante que seas Musulmán o Judío, lo malo es cuando ser Musulmán o Judío es más importante que ser persona, porque entonces las demás personas para ti sólo son importantes o valiosas en función de su relación con el grupo en el que tu has puesto tu razón de ser.

¿Cuál es el gran peligro de esta actitud?

Aparte de ser un primer paso hacia las actitudes totalitarias, y de conllevar un desprecio por la vida de las otras personas, el principal problema es que destruye la base de la sociedad.

En democracia la soberanía reside en el pueblo y de él emanan los poderes del Estado. Si el Estado destruye la diversidad del pueblo para generar grupos homogéneos, y las personas aceptan este funcionamiento, se destruye la diversidad de los individuos y por lo tanto, la capacidad y posibilidad de que al dialogar entre ellos en la esfera pública local, puedan generar nuevas ideas, nuevas aproximaciones, nuevas soluciones que aportar al camino hacia el objetivo de las personas, en la creación consensual de una ley y en la intervención privada en lo público (más información en: Espacio Público – Control Difuso, Más sobre urbanismo  y El Idiota). Si no hay riqueza y diversidad, todo queda concentrado en unas pocas etiquetas y unos pocos conceptos homogéneos, fácilmente discriminablesen en unos pocos grupos.

Lo que nos queda entonces como sustrato de la sociedad, como generadores de los relatos que trenzan, definen y actualizan el Pacto Canónico, como semillas del Poder Constituyente, no son ya personas, sino unos pocos grandes grupos. Ahora son los grupos quienes, en sustitución de la riqueza de la esfera pública local, empiezan a dialogar y a presionar a los poderes del Estado, a pensar que el Poder Constituyente reside en sus manos y a crear los relatos que conforman la memoria y cultura de esa sociedad.

La élite toma el poder

Teóricamente el hecho de que la base de la sociedad la conformen unos grandes grupos, no es malo en si mismo. Si en lugar de millones de pequeños grupos, tenemos sólo una decena de grupos, significa que más o menos hay un acuerdo general en muchos aspectos, que permite que las personas se agrupen para defender sus intereses. Es cierto que hay menos diversidad, pero se supone que cuando terminen los acuerdos, o cuando aparezcan nuevas circumstancias, si los grandes grupos se desintegran, volveremos a tener millones de grupos cada uno explicando sus verdades y enriqueciendo la cultura.

Esto es la versión podriamos llamarla idealista de la teoría.

La realidad, como Mancur Olson ya demostró en La lógica de la acción colectiva, es bastante diferente. Todo grupo tiene una serie de objetivos comunes, que al ser comunes al grupo, el beneficio de conseguirlos se reparte entre todos los miembros del grupo. Lógico. Pero dado que cualquier benefició que el grupo consiga se aplicará o repartira entre todos los miembros del grupo, los que no contribuyeron en la lucha o el trabajo para conseguir este benefició, conseguirán la misma ‘cantidad de benefició’ que los que se implicaron y sacrificaron para conseguir este beneficio comúun. Así que, como dice Mancur Olson cuando el grupo ha de trabajar en una dirección para conseguir un benefició, el pensamiento de la mayoria de personas sera que “vale la pena <dejar que lo haga otro>, pero el otro tampoco tiene demasiados incentivos – si es que tiene alguno- para actuar a favor del grupo” pues el benefició que obtendrá, tendrá que repartirlo con todo el grupo, se hayan esforzado poco, mucho o nada, las otras personas. De este modo, en ausencia de circunstancias extraordinarias o incentivos concretos, la acción del grupo para conseguir su objetivo, será muy débil. Cuanto más grande sea un grupo, y por lo tanto, más diluido quede el beneficio y más miembros del grupo decidan no actuar, más difícil será que ese grupo encuentre algunas personas que actuen para defender sus objetivos e intereses comunes.

Los grupos muy numerosos, a pesar de representar los intereses o preocupaciones de la mayoría, pueden quedar apáticos o inactivos, frente a grupos más pequeños, donde el benefició de actuar se reparte entre menos personas y las personas que actuan, tienen un vínculo más fuerte, pues es más fácil conocer a todos los integrantes del grupo y descubrir afinidades.

Pero los grupos, como dice Mestre Chust, no dialogan, del mismo modo que no piensan, ni se ponen enfermos, ni se enfadan. Los diálogos son siempre entre individuos. Individuos con sus limitaciones, preferencias, simpatías y concepciones morales establecidas a través de sus sentimientos personales.

Si tenemos unos pocos grupos representando a mucha gente, pero incapaces de responder o equipararse a la fuerza y al dinamismo de los pequeños grupos, que como lobbies de interés consiguen sangrar a las instituciones, es inevitable que surja en cada grupo una pequeña camarilla, bien organizada, que tome el control del grupo. Lo único necesario para que surja esta camarilla, es que puedan apropiarse de algún incentivo extra, que les mueva a actuar sin que dependenan del beneficio del grupo. Si esa camarilla controla el grupo, de hecho dispone del poder del grupo y lo utilizará en beneficio propio pues la principal razón de que estén al frente del grupo, es que han conseguido apropiarse de algún incentivo selectivo, que no se revierte en beneficio de todo el grupo.

http://maltez.info/biografia/mosca.jpgGaetano Mosca en ‘Elementi di Scienza Politica’, ya hizo una excelente exposición de este problema: ” Es forzoso el dominio de una minoria organizada que obedece un único impulso, sobre la mayoría desorganizada. La fuerza de cualquier minoría es irresistible frente a cada individuo de la mayoría, que se encuentra solo ante la totalidad de la minoría organizada. Al mismo tiempo se puede decir que ésta se halla organizada precisamente porque es minoría. Cien que actuen siempre concertadamente y con inteligencia, triunfaran sobre mil tomados uno a uno y que no esten de acuerdo; y al mismo tiempo, si son cien y no mil, les será mucho más facil a los primeros, entenderse y actuar concertadamente.

Es fácil deducir de este hecho que, cuanto más vasta es una comunidad política, tanto menor puede ser la proporción de la minoría gobernante, con respecto a la mayoria gobernada, y tanto más dificil le resultará a esta organizarse para actuar contra aquella.

Por lo tanto, cuando se reduce toda la diversidad de la población a unos cuantos grupos, estamos reduciendo toda la riqueza de la población a una pequeña camarilla de personas, que asaltarán el poder desde pequeños grupos de presión o, organizándose como estructura dentro de los grandes grupos. Estas élites serán quien realmente condicionen el poder, y quienes conduzcan a los grupos y la sociedad en general, en la dirección que quieran, siguiendo sus propias creencias y limitaciones morales.

Entramos así en un círculo vicioso. Las personas que controlan los grupos tienen más poder para influir en el aparato del Estado que las personas individuales. Por lo tanto, la Persona individual que quiere, desde la esfera pública, participar de la política o que se ve afectada por decisiones de las instituciones, ve como hay una clara discriminación entre unos individuos que acceden a los mecanismos del Estado y pueden arreglar sus problemas o influir en las políticas y otros como él, que no. La capacidad de poder ejercer los derechos de todo ciudadano o de participar en la vida política será muy diferente no en función de las propias capacidades y voluntades sino dependiendo de a que institución perteneces. Por lo tanto, al no existir igualdad entre los ciudadanos de un estado, se separan emocionalmente las personas de su Estado, pues no se sienten representados ni consideran que tenga una actitud justa. Puesto que no se sienten representados, ni se identifica con una justicia que le discrimina, el Estado es visto como una simple máquina de acceso a recursos o un suministrador de poder. Cuanto más poder tengas, más recursos del Estado conseguirás.

¿Y quien tiene más poder?. Los pequeños lobbies y las personas que están implicadas en la estructura de los grupos; no las personas individuales. La dedución para la mayoría de las personas, es que en la sociedad actual el acceso y la capacidad de influir en la gestión del Estado solo se puede hacer a traves de un lobbie, un pequeño grupo de interés, o desde el aparato estructural de los grandes grupos, como pueden ser los partidos políticos, pero casi nunca como persona individual. La lección que el propio Estado enseña es que es preferible que la persona se institucionalice o entre dentro de una institución; es decir se apunte a un grupo organizado y renuncie a su propia individualidad. Así, los lobbies y el aparato de los grandes grupos, consiguen más individuos que les delegan su representatividad y éxito, por lo tanto tienen más poder, por lo tanto obtienen más recursos, por lo tanto justifican su existencia, etc.

La situación final es que la élite que controla los grupos, por ejemplo los Partidos Políticos y los medios de comunicación, controla también el aparato del Estado,  y el divorcio entre el pueblo y el Estado es total.

Además, puesto que el Estado pierde la facultad de tratar con los individuos, y prefiere tratar con instituciones, los individuos se encuentran sin herramientas cuando se tienen que enfrentar a la poderosa maquinaria del estado.

Como conclusión

Toda actuación ha de ser diseñada y pensada para el bienestar de todos, pero gestionada desde todas las individualidades y de manera personalizada e inversamente proporcional al poder del individuo. Cada Persona es importante y la persona más débil en un grupo, es la más importante, porque es justamente el eslabón más débil de la propia Cultura Exterior de cada persona.

Cuanto más débil sea el eslabón, más recursos tenemos que poner para que no se rompa. La atención a los pequeños cambios, es lo que hace que las personas sientan un Gobierno como propio y, al fin y al cabo, en una sociedad democrática, el Gobierno del Estado necesita del apoyo de la gente pues es su emanación.

Pero todo esto tiene algunos obvios y graves problemas de gestión con las estructuras actuales de los gobiernos, que impiden su aplicación. Por ejemplo, cómo puede gestionar las individualidades el Gobierno del Estado, cómo es posible sacar adelante proyectos y que no queden bloqueados por un solo individuo, cómo podemos igualar una persona a una empresa, cómo coordinamos la acción de los individuos con el Estado, etc.

Por lo tanto, debe modificarse y reducirse toda la estructura de la administración del Estado y la relación del Estado con los individuos, pues las instituciones actuales, ya no se ajustan a las necesidades de hoy en día. Fueron construidas en el pasado, para las necesidades de la administración del Estado del pasado para unas Personas que ya no existen.

En el siglo XXI, las Personas se han retirado de la esfera pública y están dejando que los Estados sean tomados al asalto por Instituciones parásitas, lobbies y por las élites que controlan los grandes grupos.

 

Comentarios